Dolor posoperatorio Diabetes 2025
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18 nov 2025

Dolor posoperatorio Diabetes 2025

Dr. Felipe Rojo García

Medicina General

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Endocrinología

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Resumen

 

El dolor posoperatorio sigue siendo un desafío clínico frecuente, con impacto negativo en la recuperación y la calidad de vida, así como el riesgo de evolución a dolor crónico en pacientes vulnerables. Su manejo requiere valoración sistemática y estrategias terapéuticas eficaces. Los antiinflamatorios no esteroideos son una alternativa frente a los opioides y loxoprofeno, derivado propiónico, ha demostrado potencia analgésica superior a otros AINE, con eficacia antiinflamatoria y antipirética comparable. Ensayos clínicos muestran que su efecto analgésico es similar al de celecoxib, con acción más rápida tras cada dosis y buen perfil de seguridad en tratamientos cortos. Por estas razones, loxoprofeno constituye una opción adecuada y eficaz para el control del dolor posoperatorio.

 

Palabras clave: dolor posoperatorio, loxoprofeno, analgésicos no opioides, antiinflamatorios no esteroideos, seguridad

 

 

Abstract

 

Postoperative pain is a common clinical challenge that can negatively impact recovery and overall quality of life. It may also lead to chronic pain in certain vulnerable individuals. Effective management of this pain requires systematic assessment and the implementation of appropriate therapeutic strategies. Nonsteroidal anti-inflammatory drugs (NSAIDs) serve as valuable alternatives to opioids. Loxoprofen, a propionic acid derivative, has shown superior analgesic potency compared to other NSAIDs, while also providing similar anti-inflammatory and antipyretic effects. Clinical trials indicate that loxoprofen has comparable analgesic efficacy to celecoxib, but offers a faster onset of relief and a more favorable safety profile during short-term use. Consequently, loxoprofen is an effective and suitable option for managing postoperative pain.

 

Keywords: postoperative pain; loxoprofen; non-opioid analgesics; nonsteroidal anti-inflammatory drugs; safety.

 

Introducción

 

El dolor es una experiencia subjetiva que el paciente percibe como desagradable y, en ocasiones, tan intensa que se transforma en un sufrimiento difícil de sobrellevar. Habitualmente, este síntoma se relaciona con una lesión o enfermedad; sin embargo, su vivencia es el resultado de un proceso complejo y personal, moldeado por factores emocionales, físicos y experiencias previas. Esta naturaleza multifactorial explica por qué el manejo del dolor, tanto agudo como crónico, continúa siendo un desafío clínico de gran relevancia.1

 

En el caso del dolor agudo posoperatorio, el panorama parece más claro: se trata de un síntoma asociado con un proceso conocido y esperado, consecuencia directa de una lesión tisular, con una evolución temporalmente limitada y, en teoría, manejable con los recursos analgésicos disponibles en la mayoría de los hospitales.1

 

No obstante, la realidad dista de ser ideal. A pesar de los avances médicos logrados en las últimas décadas, el dolor posoperatorio sigue siendo un problema no resuelto incluso en países desarrollados, donde los estándares tecnológicos y farmacológicos son elevados. Esta situación se agrava en países en desarrollo, donde las limitaciones en infraestructura sanitaria, acceso a fármacos modernos y capacitación del personal de salud intensifican la brecha en el control efectivo del dolor. En estos contextos, los pacientes no solo enfrentan un mayor riesgo de complicaciones derivadas de un manejo insuficiente del dolor, sino también repercusiones sociales y económicas que impactan en su recuperación y calidad de vida.1

 

Según la American Society of Anesthesiologists (ASA), el dolor posoperatorio se define como aquel que experimenta el paciente como consecuencia directa de la enfermedad, del procedimiento quirúrgico, de sus posibles complicaciones o de la combinación de estos factores. Se caracteriza por ser un dolor agudo, limitado en el tiempo, predecible y, en gran medida, evitable.2

 

El manejo eficaz del dolor constituye un indicador clave de buena práctica clínica y de calidad asistencial. Forma parte esencial de los cuidados perioperatorios, junto con la movilización temprana y la nutrición precoz, al favorecer la recuperación integral del paciente y optimizar los resultados quirúrgicos.2

 

El control del dolor constituye un indicador fundamental de la calidad de la atención sanitaria brindada al paciente. En las últimas décadas, las estrategias terapéuticas para el manejo del dolor posoperatorio han experimentado avances significativos, orientados a mejorar la seguridad y la eficacia de la analgesia. No obstante, diversos reportes señalan que la prevalencia del dolor moderado a intenso se mantiene elevada, situándose entre el 26 y 33%, mientras que la del dolor intenso oscila entre el 8 y 13%, lo que evidencia una brecha importante entre las recomendaciones clínicas y la práctica real.3

 

Además, debe considerarse que existen determinadas categorías de pacientes que, por razones específicas, presentan una mayor vulnerabilidad a experimentar dolor posoperatorio más intenso. Entre ellas destacan la población pediátrica, los pacientes de edad avanzada, las embarazadas, aquellos en tratamiento crónico con opioides y los pacientes sometidos a cirugía ambulatoria.4

 

A este escenario se suma la creciente evidencia de que la prevalencia del dolor crónico posoperatorio está en aumento, fenómeno que se ve potenciado por la coexistencia de múltiples comorbilidades asociadas con el envejecimiento poblacional. Todo ello configura un panorama clínico cada vez más complejo, en el cual el manejo del dolor posoperatorio requiere el diseño de estrategias individualizadas, ajustadas a las necesidades y particularidades de cada paciente.4

Síndromes dolorosos

 

Hoy día se reconocen tres clases principales de síndromes dolorosos, diferenciadas según las fibras aferentes que transmiten sus impulsos. En la primera clase se encuentra el dolor somático, el cual se origina en estructuras superficiales o musculoesqueléticas, como piel, tejido subcutáneo, articulaciones, músculos y tendones. En la segunda está el dolor visceral, el cual proviene de la activación nociceptiva en órganos internos profundos, tales como estómago, riñón e intestino, y suele caracterizarse por ser difuso y mal localizado. Finalmente, el dolor neuropático resulta del daño o disfunción en el sistema nervioso, ya sea central o periférico, y se asocia con sensaciones de quemazón, descargas eléctricas o hipersensibilidad (cuadro 1).5

 

 

 

Cuadro 1. Esquema comparativo de los tipos de dolor.

 

 

Dolor agudo y crónico

 

El dolor agudo posoperatorio representa tanto la manifestación clínica como la consecuencia directa de la agresión quirúrgica. Su aparición desencadena en el organismo una serie de respuestas fisiopatológicas que pueden derivar en complicaciones respiratorias, cardiovasculares, inmunitarias o hematopoyéticas, además de un impacto significativo en la esfera psicológica del paciente.6

 

Por su parte, el dolor crónico posoperatorio (DCPO) se define como aquel que aparece tras un procedimiento quirúrgico y persiste por un periodo superior al esperado para la recuperación habitual, por lo general más allá de 3 meses después de la cirugía. La incidencia informada es variable, dependiendo de la metodología empleada en los estudios y de la definición utilizada.7

 

La Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (IASP) establece que el DCPO cumple con los siguientes criterios:7

 

El dolor se prolonga por más de 2 a 6 meses posteriores a la cirugía.

El dolor no estaba presente antes de la intervención o, si existía, presenta cambios en sus características, intensidad o ambos, respecto al dolor preoperatorio.

Se localiza en el sitio quirúrgico o en áreas de dolor referido correspondientes.

Se han descartado otras causas de dolor que puedan justificar la sintomatología.

 

Valoración del dolor agudo

 

La valoración y el registro del dolor reflejan el manejo clínico real y permiten evaluar el grado de implementación de protocolos, así como la calidad de los resultados posoperatorios. En la práctica, constituyen el puente entre la evidencia y la eficacia de los tratamientos analgésicos; sin embargo, no en todos los hospitales se aplican de forma sistemática y en muchos casos los datos no se analizan para mejorar los procesos. El desarrollo tecnológico e internet ofrecen hoy la posibilidad de compartir información a nivel nacional e internacional, favoreciendo la creación de registros multicéntricos.4

 

En 1991, la American Pain Society (APS) definió estándares de calidad en el manejo del dolor agudo posoperatorio (DAP) y elaboró, mediante un consenso de expertos, el cuestionario multidimensional APS-PQR-R, validado en diferentes idiomas y actualizado en forma periódica. Este instrumento se considera un referente internacional y recientemente ha sido adaptado para la población pediátrica. En Europa, el cuestionario IPO (International Pain Outcome), desarrollado en el marco del proyecto Pain Out, amplió las dimensiones de valoración del dolor incluyendo intensidad, alivio, interferencia con el sueño y las actividades habituales, efectos secundarios del tratamiento, participación en decisiones, satisfacción, uso de medidas no farmacológicas y existencia de dolor preoperatorio4.

 

El cuadro 2 presenta una comparación de estos cuestionarios.

 

 

 

Cuadro 2. Comparativo: APS-PQR-R frente a IPO.

 

 

Manejo del dolor posoperatorio

 

El manejo no farmacológico tiene como objetivo reducir el temor y la ansiedad generados por el desconocimiento de la causa del dolor, por la anticipación a un procedimiento doloroso o por el propio dolor y puede aplicarse en cualquier etapa de la vida.8

 

Los criterios para seleccionar la analgesia posoperatoria deben ajustarse al tipo y abordaje quirúrgico, a los factores de riesgo propios del paciente —incluido el de desarrollar dolor intenso o dolor crónico posquirúrgico, así como al patrón de práctica clínica de cada hospital.9

 

Para la analgesia se dispone de diversos analgésicos que en muchos casos pueden sustituir a los opiáceos, los que, como se sabe, conllevan muchos riesgos. Un analgésico representativo para su uso en el dolor agudo posoperatorio es loxoprofeno.

 

Tras su administración por vía oral, loxoprofeno se absorbe con rapidez y alcanza concentraciones plasmáticas máximas en un intervalo de 30 a 60 minutos, lo que refleja una absorción uniforme en el tracto gastrointestinal. Al igual que otros AINE, presenta una elevada unión a proteínas plasmáticas, principalmente a la albúmina. Su distribución tisular es rápida y generalizada, con mayores concentraciones en riñón, hígado, pulmón y corazón. En contraste, el cerebro muestra concentraciones mínimas, lo que indica una escasa penetración a través de la barrera hematoencefálica y, en consecuencia, una menor probabilidad de efectos sobre el sistema nervioso central.10

 

La actividad analgésica de loxoprofeno es particularmente relevante, pues se ha demostrado que es de diez a veinte veces más potente que otros AINE convencionales como naproxeno, ketoprofeno o indometacina. Su efecto antiinflamatorio ha sido evaluado en modelos de inflamación aguda y crónica, mostrando una eficacia comparable a la de fármacos clásicos como naproxeno y ketoprofeno. En cuanto a su acción antipirética, se ha comprobado que supera ampliamente a indometacina y resulta semejante a la de otros derivados propiónicos, entre ellos ibuprofeno, ketoprofeno y naproxeno.10

 

En un ensayo clínico realizado en adultos (≥ 20 años) sometidos a cirugía de columna, se comparó la administración de loxoprofeno (n = 73) frente a celecoxib 100 mg dos veces al día (n = 68) durante 1 semana a partir de la mañana del primer día posoperatorio. Ambos fármacos mostraron una eficacia analgésica similar en la escala numérica de dolor (NRS) a lo largo de los 7 días posteriores a la cirugía, sin diferencias significativas en los puntajes máximos o promedio. No obstante, tras cada administración individual, loxoprofeno evidenció una mejoría significativamente mayor (p < 0.05) en los puntajes promedio de dolor respecto a celecoxib, tanto a los 30 minutos (–0.3 frente a –0.2) como a las 2 horas (–0.4 frente a –0.3). Este beneficio temprano también se observó en pacientes con dolor basal leve (NRS < 5) y en aquellos con dolor basal intenso (NRS ≥ 5).11

 

En términos generales, los efectos secundarios de loxoprofeno son similares a los de otros AINE, principalmente alteraciones gastrointestinales que suelen aparecer con dosis altas o tratamientos prolongados; no obstante, por lo general el fármaco es bien tolerado en su uso a corto plazo.10,11

En este contexto, loxoprofeno se posiciona como una opción terapéutica muy adecuada para el control del dolor posoperatorio, combinando excelente eficacia analgésica con un perfil de seguridad favorable en tratamientos a corto plazo.

 

Referencias

 

1.     Catalá E, Moral M. Dolor agudo postoperatorio. La necesidad de su correcto tratamiento. Cir Esp. 2009;86(2):61-62.

2.     Pérez-Guerrero A, Aragón M, Torres M. Dolor postoperatorio: ¿hacia dónde vamos? Rev Soc Esp Dolor. 2017;24(1):1-3.

3.     Moncayo K, Salazar J, Salazar M. Dolor agudo postoperatorio: estrategias para su manejo y control. Recia Muc. 2024;32:907-913.

4.     Ribera H, Montes A, Monerris M, Pérez M, del Río S, López P. El problema no resuelto del dolor postoperatorio: análisis crítico y propuestas de mejora. Rev Soc Esp Dolor. 2021;28(3):232-238.

5.     Pérez Piedra M. Manejo del dolor en el postoperatorio. Rev Med Sinerg. 2023;8(9):e1101.

6.     Pascual A, Martínez J. Curso online de Dolor. Dolor agudo postoperatorio; 2020.

7.     Bernucci M, Merino W, Díaz M, Feijoo M, Orellana J, et al. Dolor crónico posoperatorio: Una revisión necesaria de un problema ignorado. Rev Chil Anest. 2020.

8.     López J, Aleo E, Charlo T. Analgesia posoperatoria. Protoc diagn ter pediatr. 2021;1:143-156.

9.     Díaz-Alejo C, Esteve N, Fernández S, Fernández M, López S, et al. Gestión del dolor agudo postoperatorio: condiciones para garantizar la seguridad y efectividad de los tratamientos analgésicos. Guía clínica. Madrid, España: Sociedad Española de Anestesiología, Reanimación y Terapéutica del Dolor; 2022.

10.  Gutiérrez J. Loxoprofeno en el alivio del dolor y la inflamación. Revista Mexicana de Algología. 2015.

11.  Greig S, Garnock-Jones K. Loxoprofen: A Review in Pain and Inflammation. Clin Drug Investig. 2016; DOI 10.1007/s40261-016-0440-9.

 

 

 

 

 

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