Polipos nasales de origen alérgico
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06 jul 2026

Polipos nasales de origen alérgico

Dr. Gregorio Tadeo Chávez

Otorrinolaringología

Otorrinolaringología

Medicina General

Medicina General

Alergología

Alergología

Resumen

 

La poliposis nasal es una enfermedad inflamatoria crónica de la mucosa nasosinusal y un subtipo de rinosinusitis crónica con pólipos nasales. Se asocia con rinitis alérgica, asma y exacerbación de la enfermedad respiratoria por antiinflamatorios no esteroideos, lo que refleja el concepto de una vía respiratoria única. El diagnóstico se basa en la evaluación clínica, la endoscopia nasal y los estudios de imagen. Los glucocorticoides intranasales constituyen el tratamiento de primera línea, mientras que la cirugía se reserva para pacientes con enfermedad refractaria al tratamiento médico. Un abordaje multidisciplinario permite optimizar el diagnóstico, el tratamiento y el seguimiento de estos pacientes.

 

Palabras clave: poliposis nasal, rinosinusitis crónica con pólipos nasales, rinitis alérgica, asma, glucocorticoides intranasales

 

 

Abstract

 

Nasal polyposis is a chronic inflammatory disease of the sinonasal mucosa and a subtype of chronic rhinosinusitis with nasal polyps. It is closely associated with allergic rhinitis, asthma, and nonsteroidal anti-inflammatory drug-exacerbated respiratory disease, supporting the concept of the unified airway. Diagnosis relies on clinical evaluation, nasal endoscopy, and imaging studies. Intranasal corticosteroids are the first-line treatment, whereas surgery is reserved for patients with refractory disease. A multidisciplinary approach improves diagnosis, treatment, and long-term patient management.

 

Keywords: nasal polyposis, chronic rhinosinusitis with nasal polyps, allergic rhinitis, asthma, intranasal corticosteroids

 

 

Introducción

 

La vía respiratoria, desde la cavidad nasal hasta los bronquios, constituye una unidad anatómica y funcional. Existe amplia evidencia científica que demuestra que el asma y la rinitis/rinosinusitis comparten características epidemiológicas, manifestaciones clínicas y mecanismos fisiopatológicos e inflamatorios estrechamente relacionados. Estos datos dieron origen al concepto de vía respiratoria única, que reconoce la interdependencia entre las enfermedades de las vías respiratorias superiores e inferiores y sustenta la necesidad de un abordaje diagnóstico y terapéutico integral de toda la vía aérea.1

 

A pesar de este sólido fundamento fisiopatológico, su aplicación en la práctica clínica sigue siendo limitada. Aunque diversas guías de práctica clínica han incorporado el concepto de “vía respiratoria única”, aún no existe un consenso plenamente establecido que permita unificar el diagnóstico, el tratamiento y el seguimiento de las enfermedades inflamatorias nasales y bronquiales, lo que representa un desafío para el manejo integral de estos pacientes.2

 

En este sentido, la poliposis nasal (PN) es una enfermedad inflamatoria crónica de la mucosa de las fosas nasales y de los senos paranasales, caracterizada por el crecimiento de pólipos nasales como resultado de una respuesta inflamatoria persistente.3

 

En la actualidad, se considera un subtipo de rinosinusitis crónica con rasgos clínicos, endoscópicos, inmunopatológicos y evolutivos distintivos, que la diferencian de otras formas de la enfermedad. Estas particularidades tienen implicaciones diagnósticas, pronósticas y terapéuticas, por lo que su evaluación y tratamiento requieren un enfoque específico e individualizado, sustentado en la evidencia científica más reciente.3

 

Epidemiología

 

La prevalencia exacta de la poliposis nasal (PN) aún no se conoce con precisión. En la población general, se estima que oscila entre el 2 y el 4%, aunque estas cifras varían según las características de la población estudiada y los criterios diagnósticos empleados.3

 

Los estudios epidemiológicos basados en cuestionarios han informado prevalencias de entre el 1.3 y el 4.3%. En contraste, los estudios que utilizan endoscopia nasal proporcionan estimaciones más precisas, con prevalencias que oscilan entre el 0.5 y el 2.7%, al permitir la visualización directa de los pólipos; sin embargo, estos estudios suelen incluir un menor número de participantes.3,4

 

La PN presenta un claro predominio en el sexo masculino, con una relación hombre:mujer aproximada de 3.1:2 Su mayor incidencia se observa entre la cuarta y la quinta décadas de la vida, estimándose una incidencia anual de 0.86 casos por cada 1,000 habitantes en hombres y de 0.39 por cada 1,000 habitantes en mujeres (fig. 1).3,4

 

 

 

Figura 1. Epidemiología de la PN. Imagen generada con IA a partir de las referencias 3 y 4.

 

La enfermedad es poco frecuente en la población pediátrica, con una prevalencia aproximada del 0.1%. Tanto la incidencia como la prevalencia aumentan progresivamente con la edad, pasando de alrededor del 1% en personas < 40 años a aproximadamente el 5% en personas > 60 años.3

 

La PN también se asocia con diversas enfermedades respiratorias crónicas. En pacientes con bronquiectasias, se ha descrito una prevalencia de rinosinusitis crónica (RSC) del 77% y de poliposis nasal del 26%, lo que refleja la estrecha relación entre estas entidades inflamatorias de las vías respiratorias.3

Se considera una enfermedad inflamatoria crónica de etiología multifactorial, en cuya patogenia participan alteraciones de la respuesta inmunitaria, factores intrínsecos de las vías respiratorias, superantígenos producidos por Staphylococcus aureus, colonización fúngica capaz de inducir y mantener la inflamación eosinofílica, trastornos metabólicos como la intolerancia a la aspirina y la persistencia de biopelículas bacterianas y/o procesos de osteítis, que favorecen la cronificación de la inflamación.5

 

Clasificación

 

La clasificación de los pólipos nasales puede realizarse desde distintos enfoques, considerando sus características morfológicas, localización, etiología, cambios anatomopatológicos y presentación clínica. Desde el punto de vista morfológico, pueden presentarse como pólipos aislados o múltiples, pediculados, sésiles, unilaterales o bilaterales; estos últimos con o sin extensión hacia los senos paranasales.6

 

De acuerdo con su localización, se distinguen los pólipos nasales propiamente dichos y los pólipos antrocoanales, que se originan en el seno maxilar y se extienden hacia la coana. Según su etiología, pueden clasificarse en inflamatorios o alérgicos, según el mecanismo fisiopatológico predominante.6

 

En relación con los cambios anatomopatológicos observados en la mucosa nasal, los pólipos pueden ser edematosos, fibrosos, angiectásicos, glandulares o quísticos, lo que refleja las distintas alteraciones tisulares que acompañan su desarrollo.6

 

Desde la perspectiva clínica, se reconocen diversas formas de presentación, entre las que destacan el pólipo coanal o solitario de Killian, el pólipo nasal asociado a síndrome alérgico, el pólipo recidivante y deformante de los jóvenes, conocido como síndrome de Woakes, y el denominado pólipo banal.

 

Las clasificaciones más recientes también incluyen el pólipo nasal grande aislado, la poliposis nasal asociada a rinosinusitis crónica no eosinofílica y la poliposis vinculada a enfermedades sistémicas o trastornos metabólicos, entidades que presentan características clínicas, fisiopatológicas y terapéuticas particulares (cuadro 1).6

 

 

Cuadro 1. Criterios de clasificación según el tipo de pólipo.6

 

Rinitis alérgica y pólipos nasales

 

La rinitis alérgica (RA) es una enfermedad inflamatoria crónica de la mucosa nasal, desencadenada por la exposición a alérgenos como el polen, los ácaros del polvo, las pieles de animales y las esporas de hongos. Se caracteriza por congestión nasal, estornudos, prurito y rinorrea, y puede presentarse de forma estacional o perenne, según el tipo de alérgeno y la susceptibilidad del paciente.7

Como se mencionó previamente, los pólipos nasales son lesiones benignas que se desarrollan como consecuencia de una inflamación crónica. Se manifiestan por obstrucción nasal, disminución del olfato, presión facial y secreción nasal, y con frecuencia se asocian con rinosinusitis crónica, asma e hipersensibilidad a la aspirina.7

 

Existe una estrecha relación entre ambas entidades, ya que hasta dos tercios de los pacientes con pólipos nasales también presentan rinitis alérgica. La inflamación eosinofílica y la liberación de mediadores inflamatorios característicos de la rinitis alérgica favorecen el desarrollo, el crecimiento y la recurrencia de los pólipos nasales mediante procesos de inflamación persistente y remodelación tisular.7

 

Algunos estudios han demostrado que aproximadamente el 20% de los pacientes con asma presentan rinosinusitis crónica con pólipos nasales, con una mayor prevalencia en quienes tienen asma no atópica. Un subgrupo de estos pacientes también presenta intolerancia a la aspirina y a otros antiinflamatorios no esteroideos (AINE), cuadro conocido históricamente como tríada de Widal o de Samter. En la actualidad, esta entidad se denomina enfermedad respiratoria exacerbada por AINE (EREA) y representa la forma clínica más grave y con mayor tasa de recurrencia de la poliposis nasal asociada al asma grave.1

 

Diagnóstico

 

Los pólipos nasales se manifiestan principalmente por obstrucción y congestión nasales persistentes, acompañadas de rinorrea, presión o dolor facial y alteraciones del olfato, que pueden variar desde hiposmia hasta anosmia. Otros síntomas incluyen cefalea, voz nasal (rinolalia), epistaxis y, en casos avanzados, apnea obstructiva del sueño. La presencia de dos o más de estos síntomas en un adulto debe hacer sospechar el diagnóstico de pólipos nasales, aunque es necesario descartar otras causas de obstrucción nasal.8

 

La exploración física mediante rinoscopia anterior o, preferentemente, mediante endoscopia nasal permite confirmar el diagnóstico. Los pólipos se observan como lesiones blandas, lisas, translúcidas y de color gris rosado, con aspecto de racimo de uvas, que habitualmente se originan en el complejo osteomeatal y pueden ser unilaterales o bilaterales.8

 

En pacientes con rinosinusitis crónica de más de 12 semanas de evolución y alteraciones del olfato, debe investigarse sistemáticamente la presencia de pólipos nasales como causa de obstrucción de la cavidad nasal.8

 

Herramientas diagnósticas

 

Tienen como objetivo confirmar la presencia de la enfermedad, determinar su extensión, identificar su etiología y orientar el tratamiento. La endoscopia nasal, o rinoscopia, constituye el método de elección, ya que permite la visualización directa de la cavidad nasal y de los senos paranasales mediante un endoscopio flexible o rígido. Con esta técnica es posible identificar pólipos, secreciones, procesos inflamatorios, obstrucciones, tumores y otras alteraciones, además de obtener biopsias, retirar lesiones o valorar la respuesta al tratamiento.7

 

Los estudios de imagen, especialmente la tomografía computarizada, complementan la evaluación al definir el tamaño, la localización y la extensión de los pólipos, así como el grado de afectación de los senos paranasales.7

 

Las pruebas de alergia son útiles para identificar la sensibilización frente a alérgenos ambientales y determinar la posible participación de la rinitis alérgica en el desarrollo de los pólipos. Estas incluyen la determinación de inmunoglobulina E (IgE) específica en sangre y pruebas cutáneas, como la prueba por punción (prick test) y la prueba intradérmica, que permiten identificar los alérgenos responsables y diseñar estrategias terapéuticas individualizadas (fig. 2).7

 

 

 

Figura 2. Herramientas diagnósticas para poliposis nasal.7

 

Tratamiento

 

Los corticoides tópicos intranasales, como fluticasona, reducen de manera eficaz la infiltración de eosinófilos y la expresión de mucinas en los pólipos nasales, lo que contribuye al alivio de los síntomas y a una mejoría del flujo aéreo nasal. La evidencia disponible demuestra su eficacia en el tratamiento de los pólipos nasales y de la rinosinusitis crónica con pólipos nasales, por lo que se consideran el tratamiento de primera línea. Su efecto terapéutico se debe a que actúan sobre el proceso inflamatorio subyacente, disminuyendo la producción de citocinas proinflamatorias, como la interleucina-5, y de otros mediadores inflamatorios, como la histamina, que desempeñan un papel central en la fisiopatología de esta enfermedad.7

 

En términos generales, los glucocorticoides tópicos intranasales constituyen el tratamiento de primera línea para los pólipos nasales, ya que al reducir la inflamación alivian la obstrucción nasal, mejoran el olfato y disminuyen el tamaño de los pólipos.4

 

Los glucocorticoides tópicos intranasales son la única intervención que ha demostrado una relación óptima entre eficacia y seguridad en el tratamiento de la rinosinusitis crónica con pólipos nasales. Además, en pacientes con asma concomitante, mejoran los síntomas nasales y la calidad de vida, aunque la evidencia disponible no demuestra un beneficio significativo en la función pulmonar.1 Han demostrado ser eficaces para reducir el tamaño de los pólipos, disminuir su recurrencia tras la resección quirúrgica y mejorar de forma significativa los principales síntomas de la enfermedad.3

 

Tratamiento quirúrgico

Dado que ningún procedimiento quirúrgico ha demostrado un efecto curativo a largo plazo en la poliposis nasal, la cirugía se reserva para pacientes que no responden adecuadamente al tratamiento médico. En concordancia con las principales guías de práctica clínica y los documentos de consenso, incluido el documento POLINA, la intervención quirúrgica está indicada principalmente en pacientes con formas moderadas a graves de la enfermedad o cuando persisten síntomas significativos a pesar de un tratamiento farmacológico óptimo.3

 

Derivación de pacientes

 

Los pacientes con sospecha de pólipos nasales deben ser derivados al especialista cuando presentan síntomas moderados o graves, visualización de pólipos en la rinoscopia anterior, falta de respuesta al tratamiento inicial o complicaciones oculares, neurológicas, respiratorias o sistémicas, estas últimas de carácter urgente.3

 

La derivación depende del objetivo clínico, ya sea para el diagnóstico y tratamiento quirúrgico (otorrinolaringología), el manejo de la rinitis, el asma o la intolerancia a los antiinflamatorios no esteroideos (alergología), o la evaluación de otras enfermedades respiratorias (neumología). Una vez controlada la enfermedad, el seguimiento puede realizarse en atención primaria de acuerdo con las indicaciones del especialista.3

 

La evaluación de la gravedad, la duración de la enfermedad y las comorbilidades permite individualizar el tratamiento, optimizar la derivación y mejorar la eficiencia en el manejo de los pacientes y la calidad de la atención.3

 

Referencias

 

1. Castillo J, Sastre J, del Cuvillo A, Picado C, Martínez E, et al. Rinitis, poliposis nasal y su relación con el asma. Arch Bronconeumol. 2019;55(3):146-155.

 

2. Mullol J. Rinitis, Rinosinusitis Crónica y Poliposis Nasal: su relación con la gravedad del Asma. En: Monografías en Neumología. Barcelona, España: Neumología y Salud; 2011;1-13.

 

3. Alobid I, Anton E, Armengot M, Chao J, Colás C, et al. Documento de Consenso sobre Poliposis Nasal SEAIC-SEORL. J Investig Allergol Clin Immunol. 2011;21(Suppl 1):1-58.

 

4. IMSS. Diagnóstico y Tratamiento de los Pólipos Nasales en el adulto. Guía de Práctica Clínica GPC. Ciudad de México: Instituto Mexicano del Seguro Social, Coordinación de Unidades Médicas de Alta Especialidad; 2011. Reporte Núm.: IMSS-458-11.

 

5. Caro C, Miranda P, Milanés R. Pólipos nasales en rinosinusitis crónica. Factores asociados. AAIC. 2014;45(1):50-57.

 

6. Sánchez G, Castro J, Sánchez M. Pólipos Nasales: diagnóstico y tratamiento. RECIAMUC. 2020;220-228.

 

7. Narasimhan G, Deshmukh P, Gaurkar S, Khan F. A Comprehensive Review Exploring Allergic Rhinitis With Nasal Polyps: Mechanisms, Management, and Emerging Therapies. Cureus. 2024 April;16(4):e59191.

 

8. Gobierno Federal. Diagnóstico y tratamiento de los pólipos nasales en el adulto. Guía de práctica clínica. Ciudad de México: Secretaría de Salud, Consejo de Salubridad General; 2011.

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