Impacto del uso indiscriminado de antibióticos en la comunidad
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07 abr 2026

Impacto del uso indiscriminado de antibióticos en la comunidad

Dr. José Rivas Vilchis

Medicina General

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Cirugía General

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Resumen

 

Las enfermedades infecciosas siguen siendo una causa importante de morbimortalidad a nivel mundial. Aunque los antibióticos transformaron su tratamiento, su uso inadecuado ha favorecido la aparición de la resistencia a los antimicrobianos (RAM), considerada hoy una de las principales amenazas para la salud global. Este fenómeno ha dado lugar a microorganismos multirresistentes, lo que dificulta el manejo de infecciones comunes y aumenta la mortalidad y los costos de salud. En México, el consumo de antibióticos es elevado y con frecuencia inapropiado, especialmente en infecciones respiratorias y gastrointestinales, lo que ha contribuido al incremento de la resistencia bacteriana. Ante este panorama, resulta fundamental promover el uso racional de los antimicrobianos, fortalecer la vigilancia epidemiológica y fomentar estrategias de prevención y educación para contener esta problemática.

 

Palabras clave: resistencia a los antimicrobianos, antibióticos, uso racional, salud pública, México

 

Abstract

 

Infectious diseases continue to be a leading cause of illness and death around the world. While the advent of antibiotics has transformed the treatment of these diseases, their misuse has led to the emergence of antimicrobial resistance (AMR), now recognized as a significant global health threat. This has led to the rise of multidrug-resistant organisms, complicating the management of common infections and increasing both mortality rates and healthcare costs. In Mexico, antibiotic use is high and often inappropriate, especially for respiratory and gastrointestinal infections, which have contributed to the increasing rates of resistance. To address this issue, it is essential to promote rational use of antimicrobials, strengthen epidemiological surveillance, and implement effective prevention and education strategies.

 

Keywords: antimicrobial resistance, antibiotics, rational use, public health, Mexico

 

Introducción

 

La introducción de los antibióticos en la práctica clínica durante la década de 1940 representó uno de los avances más trascendentales para el control de las infecciones, al incrementar significativamente la esperanza de vida de la población. Sin embargo, las enfermedades infecciosas continúan siendo, aun en el siglo XXI, una de las principales causas de mortalidad a nivel mundial, aunque su contribución relativa ha disminuido progresivamente.1

 

El impacto del advenimiento de los antibióticos se reflejó en el reconocimiento científico de la época: los Premios Nobel de Fisiología o Medicina de 1939, 1945 y 1952 fueron otorgados por descubrimientos relacionados con agentes antibacterianos. No obstante, otros factores ya habían contribuido sustancialmente a la reducción de la carga de enfermedades infecciosas, como la implementación de vacunas, el saneamiento del agua potable, las mejoras en las condiciones higiénicas y los avances en la nutrición.1

 

Es innegable que desde su descubrimiento, los antibióticos se han consolidado como un pilar fundamental de la medicina moderna. No obstante, su uso inadecuado ha favorecido la aparición de la resistencia a los antimicrobianos, un problema de salud pública creciente a nivel mundial. Este fenómeno no solo compromete la eficacia terapéutica, sino que también conlleva consecuencias individuales y sociales relevantes. En este contexto, comprender las actitudes y los comportamientos de la población respecto al uso de antibióticos resulta esencial para diseñar intervenciones educativas eficaces.2

 

Prácticamente desde su introducción, se han observado bacterias con menor susceptibilidad a estos fármacos. Inicialmente, la resistencia era limitada; sin embargo, el uso extendido —tanto terapéutico como preventivo— favoreció la selección de cepas cada vez más resistentes. Dado que muchos antibióticos tienen origen natural, era esperable que surgieran mecanismos de defensa en los microorganismos; sin embargo, la rapidez y la magnitud de este fenómeno han superado lo previsto. Como resultado, infecciones que antes eran fácilmente tratables se han vuelto más difíciles de controlar, lo que requiere antibióticos de mayor costo, uso restringido y, en ocasiones, mayor toxicidad.2

 

El uso indiscriminado de antibióticos y el manejo inadecuado por parte del personal de salud han contribuido significativamente a este problema, además de impulsar la necesidad de desarrollar nuevos fármacos. A ello se suman factores como el acceso sin restricciones a los antimicrobianos y la variabilidad en la calidad de algunos medicamentos. Durante la pandemia por Covid-19, por ejemplo, el uso extendido de antibióticos como azitromicina —indicada para infecciones bacterianas respiratorias— pudo haber contribuido a acentuar este fenómeno, según ha señalado la OMS.2

 

Uso de antibióticos en México

 

Los antimicrobianos se encuentran entre los medicamentos de mayor consumo en nuestro país. En el 2008, se estimó que representaban un mercado anual cercano a los 960 millones de dólares y ocupaban el segundo lugar en ventas en farmacias privadas, con aproximadamente el 14.3% del total. Esta proporción era superior a la observada en otros países desarrollados y en economías en transición con mercados farmacéuticos de gran tamaño.3

 

Las infecciones respiratorias agudas (IRAS) y las enfermedades diarreicas agudas (EDAS) en el sector público constituyen uno de los ámbitos más ampliamente documentados sobre el uso de medicamentos en México. Diversos estudios, realizados sobre todo durante las décadas de 1980 y 1990, mostraron que entre el 60 y el 80% de los pacientes con IRAS y EDAS recibían antibióticos tanto en servicios de atención primaria públicos como privados, a pesar de que su indicación estaba justificada solo en el 10 al 15% de los casos.3

En contraste, investigaciones realizadas en hospitales de tercer nivel han señalado que, si bien la prescripción de antibióticos suele estar clínicamente justificada, persisten deficiencias en la dosificación y la duración de los tratamientos. Estas prácticas incrementan el riesgo de desarrollar resistencia bacteriana. Asimismo, la prescripción inadecuada de antibióticos con fines de profilaxis quirúrgica se ha identificado como un problema relevante en el ámbito hospitalario.3

 

Y en este entorno, la pregunta lógica sería; ¿el consumo de antibióticos en la comunidad, medido en términos de dosis diarias definidas por habitante y día (DHD), es adecuado o excesivo? ¿En qué medida su uso responde realmente a indicaciones clínicas justificadas?4

En términos generales, se considera que el consumo es excesivo. Esta apreciación se sustenta en la marcada variabilidad estacional observada, con incrementos significativos, por ejemplo, durante el invierno, cuando los antibióticos se utilizan con frecuencia para tratar infecciones respiratorias que, en su mayoría, son de origen viral y no requieren este tipo de tratamientos.4

 

Resistencia antimicrobiana

 

Como todo sistema biológico, los microorganismos evolucionan continuamente para adaptarse a los cambios del entorno, de modo que aquellos que logran sobrevivir a estas presiones selectivas tienden a predominar. Este principio constituye la base del desarrollo de la resistencia a los antimicrobianos.5

 

Este proceso adaptativo natural incluye la capacidad de los microorganismos para desarrollar resistencia a los fármacos utilizados contra ellos, fenómeno que se ha acelerado por el uso inadecuado de estos medicamentos. La Organización Mundial de la Salud advierte que hoy en día la resistencia a los antimicrobianos es una de las principales amenazas para la salud mundial, la seguridad alimentaria y el desarrollo.5

 

En los últimos años, este problema ha cobrado mayor relevancia para la comunidad médica y las autoridades sanitarias a nivel global. Entre los factores más preocupantes destacan la automedicación y la prescripción inadecuada por parte del personal de salud, prácticas que no solo contribuyen al aumento de la resistencia bacteriana, sino que también elevan el riesgo de reacciones adversas.5

 

Se ha documentado la emergencia de patógenos multirresistentes (con frecuencia denominados “superbacterias”), como Acinetobacter baumannii y Klebsiella pneumoniae productora de NDM-1, para las cuales las opciones terapéuticas son cada vez más limitadas. Esta situación amenaza con revertir los avances en el control de las enfermedades infecciosas y compromete la eficacia de múltiples intervenciones médicas modernas.6

 

Un estudio realizado en México en 2021, centrado en la prevalencia de resistencias a antimicrobianos en infecciones gastrointestinales, identificó elevados niveles de resistencia en diversos patógenos.7

Entre los principales hallazgos, se observó que Helicobacter pylori presentó resistencia a metronidazol en un 50 a 80%, a claritromicina en un 20 a 40% y a levofloxacino en un 30 a 35%. Clostridioides difficile mostró resistencia a clindamicina en un rango de 8.3 a 100% y a las cefalosporinas en un 51%. Por su parte, Campylobacter jejuni y Campylobacter coli registraron resistencia a las fluoroquinolonas de hasta el 85%, mientras que Escherichia coli presentó resistencia a ampicilina en un 76.5%.7

 

Asimismo, se informó que Entamoeba histolytica (fig. 1) presentó una resistencia a metronidazol cercana al 50%. En el caso de la peritonitis bacteriana, se documentaron tasas de resistencia del 40% a cefalosporinas de tercera generación y del 85% a meticilina, lo que refleja un panorama preocupante en términos de opciones terapéuticas efectivas.7

 

 

 

Figura 1. En el estudio nacional, Entamoeba histolytica mostró una resistencia a metronidazol del 50%.7

 

Estado del problema

 

Por lo antes señalado, resulta claro que la resistencia bacteriana a los antibióticos constituye uno de los mayores desafíos para la salud pública global. Afecta tanto a países de ingresos bajos y medianos como a los de altos ingresos, y se manifiesta en ámbitos comunitarios y hospitalarios, con repercusiones significativas en la morbilidad, la mortalidad y los costos de los sistemas de salud.6

 

La situación epidemiológica de la resistencia a los antimicrobianos (RAM) y su impacto en la morbimortalidad a nivel mundial son críticos y, en particular, en Latinoamérica, apremiantes. Estudios recientes han documentado una elevada mortalidad atribuible a este fenómeno. Un análisis publicado en The Lancet estimó que, en 2021, aproximadamente 1.14 millones de muertes estuvieron directamente relacionadas con la RAM.8

 

Para Latinoamérica y el Caribe, las proyecciones indican que, hacia 2050, la mortalidad asociada a la RAM podría alcanzar las 650,000 personas, con alrededor de 148,000 muertes directamente atribuibles. Estas estimaciones se basan en modelos matemáticos construidos a partir de la situación epidemiológica actual, lo que subraya la magnitud potencial del problema si no se implementan medidas eficaces de control.8

 

En este contexto, diversos estudios en condiciones reales han permitido dimensionar el impacto clínico de la resistencia. Por ejemplo, se ha informado una mortalidad de hasta 52.4% en pacientes con bacteriemias causadas por bacilos gramnegativos resistentes a carbapenémicos. No obstante, la introducción de nuevos antimicrobianos ha mostrado beneficios relevantes: en pacientes con mayor gravedad —evaluados mediante escalas pronósticas como el puntaje INCREMENT—, el tratamiento con agentes como la combinación de ceftazidima/avibactam se ha asociado con una reducción significativa de la mortalidad a 30 días.8

 

Estos datos sugieren que, si bien la RAM representa una amenaza creciente, la disponibilidad y el uso adecuado de nuevas opciones terapéuticas podrían modificar de manera favorable el pronóstico, en especial en los pacientes más graves.8

 

Acciones al respecto

 

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha liderado esfuerzos a nivel local, nacional e internacional para fortalecer capacidades, emitir orientaciones técnicas y promover el compromiso político frente a esta amenaza. Desde finales de la década de 1990, convocó reuniones de expertos que culminaron en 2001 con la publicación de la Estrategia Mundial para la Contención de la Resistencia a los Antibióticos, sentando las bases para la acción global coordinada.6

 

En el marco del Día Mundial de la Salud 2011, la OMS impulsó una campaña global para preservar la eficacia de los antibióticos, exhortando a gobiernos, profesionales de la salud, la industria, la sociedad civil y los pacientes a actuar de manera coordinada y urgente.6

Como parte de este esfuerzo, se establecieron seis líneas estratégicas fundamentales, que se detallan en el cuadro 1.

 

 

 

Cuadro 1. Estrategias resultantes de la campaña global de la OMS acerca del uso de antibióticos.6

 

En conjunto, estas acciones buscan contener la propagación de la resistencia, mitigar su impacto actual y preservar la eficacia de los antibióticos para las generaciones futuras.6

 

Comentario

 

La evidencia expuesta confirma que la resistencia a los antimicrobianos no es un fenómeno aislado ni futuro, sino una realidad presente que compromete directamente los logros alcanzados por la medicina moderna. El uso inapropiado de antibióticos, tanto en la comunidad como en los servicios de salud, ha acelerado un proceso biológico inevitable, pero potencialmente controlable mediante intervenciones oportunas y coordinadas.

 

Frente a este panorama, resulta imperativo transitar hacia un modelo de uso racional de los antimicrobianos que integre la educación de la población, la capacitación continua del personal de salud, la regulación eficaz de su dispensación y el fortalecimiento de los sistemas de vigilancia epidemiológica. Asimismo, la investigación y el desarrollo de nuevas alternativas terapéuticas deben ir acompañados de estrategias que garanticen su preservación a largo plazo.

La contención de la resistencia antimicrobiana no depende de una sola acción, sino de la suma de esfuerzos individuales y colectivos. Solo a través de una responsabilidad compartida será posible preservar la eficacia de estos fármacos esenciales y asegurar que continúen siendo una herramienta fundamental en la lucha contra las enfermedades infecciosas para las generaciones venideras.

 

Referencias

1. Jiménez J, Cushpa E, Romero J, Guaje C. Abordaje del uso inapropiado de antibióticos en la práctica clínica: estrategias y recomendaciones actuales. ReciMundo. 2023;7(1):546-555.

 

2. Torrico D, da Silva I, Valmaceda A, Vargas G. Impacto mundial del uso irracional e indiscriminado de antibióticos. Investigación científica. Cochabamba, Bolivia: UPAL, Medicina; 2021.

 

3. Dreser A, Wirtz V, Corbett K, Echániz G. Uso de antibióticos en México: revisión de problemas y políticas. Salud Pública de México. 2008;50(Suppl 4):S480-S488.

 

4. Campos J. Uso de los antibióticos en la comunidad: la prevalencia como punto de partida. Enferm Infecc Microbiol Clin. 2012;30(10):589-590.

 

5. Svarch A, Zuñiga A, Enríquez N, Alcalde B, Domínguez H, et al. Resistencia antimicrobiana. Ciudad de México: Cofepris, Centro de Innovación y Capacitación; 2021.

 

6. Quizhpe A, Encalada L, Andrade D. Uso apropiado de antibióticos y resistencia bacteriana. Revisión científica. Cuenca, Ecuador: Universidad de Cuenca, Facultad de Ciencias Médicas; 2014.

 

7. Contreras-Omaña R, Escorcia-Saucedo A, Velarde-Ruiz Velasco J. Prevalencia e impacto de resistencias a antimicrobianos en infecciones gastrointestinales: una revisión. Revista de Gastroenterología de México. 2021;86:265-275.

 

8. Nacinovich F, Belloso W, Nuccetelli Y, Malvicini A, Pasterán F, et al. Resistencia a los antibióticos; ¿y ahora qué? Medicina (Buenos Aires). 2025;1-18.

 

 

 

 

 

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