Abuso sexual
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19 feb 2026

Abuso sexual

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Historia clínica

 

Un médico familiar institucional de la Ciudad de México atiende a una familia integrada por una madre y sus dos hijas, de 13 y 11 años de edad. La adolescente de 13 años le reveló a su madre que había sido víctima de abuso sexual. La madre acudió de inmediato al médico, quien realizó la notificación correspondiente y el caso fue canalizado a las instancias de protección a niñas, niños y adolescentes.

 

En las semanas posteriores, se llevó a cabo una investigación integral por un equipo interinstitucional compuesto por el Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF), los servicios de salud, la Fiscalía General de Justicia, las autoridades educativas y el médico tratante. La investigación determinó que un vecino de 19 años había abusado sexualmente de la adolescente en una ocasión. No se encontraron datos que sugirieran abuso en la hermana menor, de 11 años.

 

Como resultado de estos datos, el presunto agresor se encuentra sujeto a proceso legal y bajo medidas cautelares, en espera de la resolución judicial correspondiente. Se considera que representa un riesgo para la comunidad y, además, se descubrió que habría abusado reiteradamente de otra menor en la misma colonia, hechos que no habían sido denunciados antes.

 

La adolescente narró tener una vaginitis leve, diagnosticada como candidiasis vaginal, que se resolvió con tratamiento médico. Los estudios realizados descartaron otras infecciones de transmisión sexual, así como embarazo. Poco después, la paciente retomó sus actividades escolares.

 

Tras la evaluación del caso, las autoridades de protección determinaron que ambas menores pueden permanecer en su domicilio, siempre y cuando cuenten con un seguimiento estrecho y apoyo adicional. No obstante, debido a la necesidad de la madre de trabajar, con frecuencia las niñas permanecen solas en casa por las tardes al regresar de la escuela.

 

Aunque la legislación mexicana no establece una edad mínima específica para dejar a los menores solos, se reconoce que ambas niñas se encuentran en situación de vulnerabilidad, en especial la adolescente de 13 años, quien presenta dificultades leves de aprendizaje.

La madre se encuentra profundamente afectada por lo ocurrido; ha presentado síntomas emocionales significativos que le han impedido continuar laborando y se le ha otorgado una incapacidad médica. La familia recibe acompañamiento psicológico y orientación por parte del DIF y de los servicios educativos.

 

La madre acude a consulta con el médico de primer contacto para dar seguimiento al caso.

 

Preguntas

 

¿Cómo debe manejar el médico esta consulta?

 

¿Qué intervenciones pueden brindar apoyo a la madre y a su familia?

 

Comentarios

 

El médico de primer contacto tiene un papel fundamental de contención y acompañamiento para la madre, sin perder de vista su obligación legal y ética de salvaguardar la integridad y la seguridad de ambas menores. Durante la consulta, debe valorar el estado de salud física y mental de la madre, así como su capacidad para continuar con el cuidado de sus hijas.

 

La madre expresa sentimientos intensos de culpa, enojo y tristeza por lo sucedido, así como un temor constante a que las autoridades puedan separarla de sus hijas. El médico refuerza de manera clara y empática que actuó de forma adecuada y oportuna al denunciar el abuso y buscar atención médica, lo cual fue clave para la protección de las menores.

 

Refiere que la adolescente de 13 años presentó alteraciones emocionales importantes al inicio, pero que, de forma gradual, ha logrado restablecer cierta normalidad en su vida cotidiana. La niña de 11 años fue manejada con especial cuidado durante todo el proceso y, al parecer, no ha presentado afectación emocional significativa. Por su parte, la madre comenta que ha mejorado su alimentación y su sueño, aunque aún no se siente preparada para reincorporarse a su trabajo. Manifiesta preocupación por su conducta sobreprotectora, ya que acompaña a sus hijas en todo momento y no les permite permanecer solas fuera del hogar.

 

El médico le explica que estas reacciones son esperables tras una experiencia traumática de este tipo y que el miedo intenso puede persistir durante semanas o meses. Se refuerza la importancia de continuar con la atención psicológica y el acompañamiento que recibe a través del DIF o de instancias de atención a víctimas. Su principal inquietud es quién se encargará de las niñas cuando ella regrese a trabajar.

 

Durante la consulta se exploran alternativas viables en el contexto local: apoyo de familiares cercanos, redes vecinales confiables, programas comunitarios, estancias infantiles o esquemas de horarios laborales flexibles, en caso de ser posible. La madre reconoce que, desde antes, enfrentaba dificultades económicas y escaso apoyo social, y que esta situación ha evidenciado la necesidad de contar con un entorno más seguro y solidario para sus hijas.

 

Aunque algunas amistades se han ofrecido a colaborar, por el momento solo confía en su familia.

 

El médico extiende la incapacidad laboral por un periodo adicional y programa una nueva cita en 3 semanas para seguimiento clínico y psicosocial.

 

Puntos clave

La resolución de este tipo de situaciones es un proceso prolongado que requiere un acompañamiento continuo.

 

La protección integral y el interés superior de las niñas y adolescentes deben ser siempre la prioridad.

 

El médico, tanto en el ámbito institucional como en el privado, debe mantener comunicación constante con el DIF, las autoridades de salud y, cuando corresponda, con la Fiscalía y el sector educativo.

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