Artritis reumatoide
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18 mar 2026

Artritis reumatoide

Dr. Pedro Miguel Escalante

Ortopedia y Traumatología

Ortopedia y Traumatología

Medicina General

Medicina General

Resumen

 

Las enfermedades reumáticas son un grupo de trastornos que afectan principalmente al tejido conjuntivo. Entre ellas, la artritis reumatoide (AR) es una enfermedad inflamatoria crónica, multisistémica e inmunomediada, caracterizada por inflamación persistente de las articulaciones y por posible afectación de otros órganos. Su etiología es desconocida, aunque se reconoce la participación de factores genéticos y ambientales, así como de mecanismos autoinmunitarios. La AR se manifiesta con dolor, tumefacción y rigidez articular, con un patrón habitualmente simétrico y predominio en las articulaciones de las manos. Con el tiempo, puede provocar destrucción articular progresiva, discapacidad funcional y manifestaciones extraarticulares, lo que repercute en la calidad de vida y la esperanza de vida de los pacientes. La prevalencia global de la AR se estima en torno al 1% de la población y es más frecuente en mujeres. Su fisiopatología se relaciona con una respuesta autoinmunitaria mediada por citocinas proinflamatorias que favorecen la inflamación sinovial y el daño articular. El diagnóstico se basa en criterios clínicos, serológicos y de laboratorio, y el tratamiento debe iniciarse de forma temprana con el objetivo de alcanzar la remisión o de mantener una baja actividad de la enfermedad.

 

Palabras clave: artritis reumatoide, enfermedades reumáticas, autoinmunidad, inflamación sinovial, tratamiento

 

Abstract

 

Rheumatic diseases are a group of disorders that primarily affect connective tissue. One of these diseases is rheumatoid arthritis (RA), which is a chronic, systemic, immune-mediated inflammatory condition. RA is characterized by persistent joint inflammation and can also involve other systems in the body. Although the exact cause of RA is unknown, it is believed that a combination of genetic, environmental, and autoimmune factors contributes to its development. RA typically presents with joint pain, swelling, and stiffness, often in a symmetrical pattern, and frequently affects the small joints of the hands. If left untreated, the disease can lead to progressive joint destruction, functional disability, and systemic issues that negatively impact patients' quality of life and life expectancy. The global prevalence of RA is estimated to be around 1% of the population, with a higher incidence in women. The pathophysiology of RA involves autoimmune mechanisms mediated by pro-inflammatory cytokines that promote synovial inflammation and joint damage. To diagnose RA, healthcare providers rely on clinical evaluations, serological tests, and laboratory criteria. Early treatment is crucial for achieving remission or maintaining low disease activity.

 

Keywords: rheumatoid arthritis, rheumatic diseases, autoimmunity, synovial inflammation, treatment

 

Introducción

 

Las enfermedades reumáticas se clasifican entre las alteraciones del tejido conjuntivo, ya que afectan el tejido o la estructura que sostiene el cuerpo y sus órganos internos. Algunas de ellas, consideradas enfermedades autoinmunes, se originan cuando el sistema inmunitario, encargado de defender al organismo frente a agentes externos, sufre una alteración y comienza a dañar los propios tejidos del cuerpo, como ocurre en la artritis reumatoide (AR).1

 

Las artritis se caracterizan por la inflamación de las articulaciones y pueden deberse a diversas causas. Por esta razón, existen múltiples tipos de artritis, entre ellos la artritis psoriásica, las artritis infecciosas, la gota y la AR.1

 

La AR es una enfermedad inflamatoria crónica, multisistémica, inmunomediada y de etiología desconocida. Su forma de presentación es heterogénea y la visión actual de su etiopatogenia considera la participación conjunta de factores genéticos y ambientales en su inicio.2

 

La AR afecta sobre todo a las articulaciones diartrodiales, es decir, aquellas que poseen cavidad articular, lo que conduce a la destrucción articular y a la discapacidad progresiva. Como enfermedad multisistémica, puede presentar manifestaciones extraarticulares que comprometen otros órganos, como el pulmón, el sistema cardiovascular e incluso los ojos.2

 

Los pacientes con AR presentan una menor esperanza de vida, especialmente debido al incremento del riesgo cardiovascular y a la afectación pulmonar. Sin embargo, otros factores como las infecciones, las neoplasias o elementos yatrogénicos también pueden contribuir a este aumento del riesgo.2

 

Epidemiología

 

Estudios epidemiológicos realizados en Europa, Asia, Norteamérica y Sudamérica han mostrado diferencias en las tasas de prevalencia. Entre 1990 y 2005, las cifras más bajas se registraron en países como Serbia, China, Francia, Italia y Estados Unidos, mientras que las más altas se observaron en Japón y Argentina. Sin embargo, estas comparaciones deben interpretarse con cautela debido a posibles diferencias metodológicas entre los estudios.3

 

La AR es más frecuente en mujeres que en hombres, con una prevalencia entre tres y cinco veces mayor. Actualmente, la prevalencia global se estima en torno al 1%, con pequeñas variaciones geográficas y temporales.3

 

La incidencia también varía según la población y la edad. Algunos países, como Japón y Francia, muestran tasas bajas, mientras que en Estados Unidos se han informado cifras más altas. En términos generales, la incidencia aumenta con la edad hasta alrededor de los 80 años y es mayor en mujeres. Además, se han descrito diferencias regionales que podrían relacionarse con factores ambientales, socioeconómicos y de estilo de vida.3

 

Fisiopatología

 

Aunque se desconoce la causa exacta de la AR, la autoinmunidad desempeña un papel central en el inicio, la persistencia y la progresión de la enfermedad. Esta se asocia con la presencia de autoanticuerpos, especialmente del factor reumatoide y de los anticuerpos antipéptidos citrulinados cíclicos, que participan en la activación del proceso inflamatorio.4

 

La inflamación está mediada principalmente por citocinas, factores de crecimiento y quimiocinas que favorecen la infiltración de células inmunitarias en la membrana sinovial. Entre estas destacan los linfocitos Th17, que producen interleucina-17 (IL-17), así como los macrófagos, que liberan citocinas proinflamatorias, como el factor de necrosis tumoral alfa (TNF-α) y la interleucina-1 (IL-1), que contribuyen a mantener la inflamación crónica.4

 

Los fibroblastos sinoviales también se activan y adoptan un comportamiento proliferativo que favorece la producción de citocinas, quimiocinas y enzimas degradativas, lo que contribuye al daño del cartílago y del hueso. Paralelamente, se desarrolla un tejido inflamatorio denominado pannus, que invade el cartílago articular, mientras que los osteoclastos promueven la resorción ósea y la formación de erosiones.4

 

Además, procesos como la angiogénesis y la activación de mastocitos favorecen la perpetuación del proceso inflamatorio. La AR también puede afectar otros órganos y sistemas, produciendo manifestaciones sistémicas como astenia, anemia, osteoporosis y un mayor riesgo cardiovascular.4

 

Manifestaciones clínicas

 

En términos generales, los signos y síntomas cardinales de la AR incluyen dolor y tumefacción de las articulaciones afectadas, con predilección por las articulaciones de las manos y con un patrón habitualmente simétrico (fig. 1).5

 

 

 

Figura 1. Manifestación clínica de la artritis reumatoide.

 

Además, puede acompañarse de síntomas generales como fatiga, malestar general, rigidez matutina, debilidad, limitación funcional y, en algunos casos, depresión. A ello puede sumarse la afectación de diversos órganos y sistemas, como la piel, el sistema cardiovascular, los huesos, el sistema nervioso, los ojos y los pulmones. En conjunto, estas manifestaciones contribuyen a una disminución de la calidad de vida y de la esperanza de vida de los pacientes.5

 

La enfermedad afecta principalmente a las articulaciones; sin embargo, como se comentó antes, puede presentar diversas manifestaciones extraarticulares (MEx) de gravedad variable. Se ha observado que la gravedad de estas manifestaciones se relaciona directamente con el tiempo de evolución y con la actividad de la enfermedad. En diferentes cohortes, su frecuencia muestra una amplia variabilidad, con estimaciones que oscilan entre el 18 y el 41%.6

 

El reconocimiento de las MEx en la práctica clínica es importante debido a su asociación con un aumento de la morbimortalidad. Estudios de cohorte han demostrado que los pacientes con AR presentan una mayor mortalidad que la población general y que la presencia de manifestaciones extraarticulares constituye un fuerte predictor de mortalidad. Asimismo, se ha descrito una menor supervivencia asociada con una mayor frecuencia de infecciones y de enfermedad cardiovascular en estos pacientes.6

 

El riesgo de desarrollar MEx se relaciona con diversos factores, entre ellos la mayor actividad de la enfermedad, el tabaquismo —en especial entre pacientes con vasculitis—, la positividad y los altos títulos de factor reumatoide y de anticuerpos antipéptido cíclico citrulinado, así como ciertos factores genéticos. Entre estos destaca el alelo HLA-DRB1, asociado con el síndrome de Felty y con las vasculitis, aunque podría actuar como factor protector frente a la enfermedad pulmonar intersticial.6

 

Criterios de clasificación de la AR

 

Los criterios de clasificación permiten definir grupos de individuos con artritis reumatoide para estandarizar su inclusión en estudios clínicos y facilitar un enfoque común entre los profesionales de la salud. Los criterios actuales se aplican a una población específica de pacientes que deben cumplir dos condiciones iniciales:7 presentar al menos una articulación con sinovitis clínica (articulación inflamada), y que dicha sinovitis no pueda explicarse por otra enfermedad.

 

Se considera que un paciente presenta AR cuando la suma de los siguientes dominios alcanza 6 puntos o más (cuadro 1).

 

 

 

Cuadro 1. Criterios de clasificación de la EULAR/ACR para artritis reumatoide (2010).7

* La afectación articular se refiere a cualquier articulación inflamada o dolorosa a la exploración, en la que la sinovitis pueda evidenciarse mediante pruebas de imagen.

§ “Articulaciones grandes” se refiere a los hombros, codos, caderas, rodillas y tobillos.

¶ En aquellos lugares donde sólo se informa el FR como positivo o negativo, el resultado positivo debe puntuarse como positivo a títulos bajos.

 

Tratamiento

 

El tratamiento de la artritis reumatoide debe iniciarse lo más tempranamente posible, idealmente desde las primeras fases de la enfermedad, ya que el diagnóstico temprano permite intervenir en una etapa en la que resulta más factible modificar su evolución. El manejo debe individualizarse según las características de cada paciente, considerando su edad, comorbilidades, condiciones de vida y otros factores clínicos relevantes.8

 

De forma ideal, la farmacoterapia debe ser dirigida por el médico reumatólogo, por lo que la referencia temprana al especialista es fundamental. Asimismo, las decisiones terapéuticas deben tomarse de manera conjunta entre el paciente y el médico, con el fin de lograr una mejor adherencia y comprensión del tratamiento.8

 

El objetivo principal del tratamiento es alcanzar la remisión de la enfermedad o, cuando no es posible, mantener una baja actividad inflamatoria. Para ello, es importante considerar las distintas alternativas terapéuticas disponibles, tomando en cuenta la accesibilidad y disponibilidad en el contexto del paciente.8

 

Durante el tratamiento se debe realizar una vigilancia cuidadosa de los posibles efectos adversos de los medicamentos, sobre todo de los fármacos modificadores de la enfermedad biológicos y de los inhibidores de las proteínas cinasas tipo Janus. Estos medicamentos no deben prescribirse a pacientes con infecciones activas, debido al riesgo de agravamiento del proceso infeccioso.8

 

Antiinflamatorios no esteroideos y glucocorticoides

 

Los antiinflamatorios no esteroideos (AINE) forman parte del tratamiento sintomático de la artritis reumatoide, ya que ayudan a reducir el dolor y la inflamación. Su elección debe individualizarse según las características clínicas y los factores de riesgo de cada paciente. Entre ellos, celecoxib, un inhibidor selectivo de la ciclooxigenasa-2 (COX-2), se ha asociado con una menor tasa de mortalidad general y de mortalidad por causas cardiovasculares en comparación con otros AINE e incluso con placebo. Asimismo, su uso se ha relacionado con un menor incremento de la presión arterial sistólica y diastólica y con una menor incidencia de hipertensión arterial frente a otros AINE.8

 

Por otra parte, los glucocorticoides (GC), como dexametasona, pueden utilizarse como tratamiento complementario, por lo general a dosis bajas y por periodos breves. En algunos estudios, la administración de dosis bajas de GC como tratamiento de mantenimiento durante 24 semanas en pacientes que habían alcanzado remisión o baja actividad con tocilizumab se asoció con menores índices de actividad de la enfermedad y un menor riesgo de recaída posterior, además de una mejor calidad de vida a largo plazo.8

 

En comparación con otros glucocorticoides, como prednisona o prednisolona, dexametasona tiene mayor potencia antiinflamatoria, mayor duración de acción y escasa actividad mineralocorticoide (retiene menos sodio y agua).

 

Asimismo, en esquemas iniciales de tratamiento, como el protocolo COBRA-slim, el uso de glucocorticoides se ha asociado con una menor actividad de la enfermedad, incluso semanas después de su suspensión. Los pacientes tratados con este esquema también han mostrado menor consumo de AINE, menor necesidad de analgésicos y menor intensidad del dolor espontáneo, aunque estos beneficios no se observan de manera uniforme en todos los esquemas terapéuticos.8

 

 

Referencias

 

1. Oliva-Gutiérrez E, Martínez-Godoy M, Zapata-Zúñiga M, Sánchez-Rodríguez S. Artritis Reumatoide: Prevalencia, inmunopatogenia y antígenos relevantes para su diagnóstico. Arch Med. 2012;8(1):1-7.

 

2. Díaz-González F, Hernández-Hernández M. Artritis reumatoide. Medicina Clínica. 2023;161:533-542.

 

3. Domínguez N, Alban P, Carvajal G, Simbaña F. Artritis reumatoide: una visión general. Rev Cub Reumatol. 2022;24(2):e1020.

 

4. Gamero D. Artritis reumatoide, epidemiología, fisiopatología, criterios diagnósticos y tratamiento. Revista de Medicina e Investigación UAEMéx. 2018;6(2):53-61.

 

5. Balsa A, Díaz del Campo P, Brito N, et al. Manejo de Pacientes con Artritis Reumatoide. Guía de Práctica Clínica. 1ª ed. Madrid, España: Sociedad Española de Reumatología, 2025.

 

6. Díaz Cuña C, Consani S, Rostan S, Fernández L, Moreira E, Sanmartí R. Artritis reumatoide: manifestaciones extraarticulares y comorbilidades. Rev Colomb Reumatol. 2022; 29(3):196-204.

 

7. Batlle E, Mínguez M, Bernabeu P, Panadero G. Artritis Reumatoide, Cap. 1. En: Belmonte (ed.). Enfermedades reumáticas. Actualización SVR 2013. 2ª ed. Valencia, España: Sociedad Valenciana de Reumatología, 2013.

 

8. Abud-Mendoza C, Aceves-Ávila F, Arce-Salinas C, Álvarez J, Barile-Fabris L, et al. Actualización de las Guías para el Tratamiento Farmacológico de la Artritis Reumatoide del Colegio Mexicano de Reumatología 2023. Documento de consenso. Reumatol Clin. 2024;20:263-280.

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