Presión arterial sistólica: indicador clave de riesgo cardiovascular
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18 nov 2025

Presión arterial sistólica: indicador clave de riesgo cardiovascular

Dr. Marco Antonio Tovar

Endocrinología

Endocrinología

Medicina General

Medicina General

Resumen

 

La hipertensión arterial y la dislipidemia son factores de riesgo modificables que contribuyen de manera significativa al desarrollo de ECV y a la mortalidad prematura, y su coexistencia incrementa aún más el riesgo cardiovascular. Estudios recientes han demostrado que incluso elevaciones moderadas en la presión arterial sistólica se asocian con un aumento continuo del riesgo cardiovascular, lo que subraya la importancia de su control integral a lo largo del tiempo. Herramientas como Globorisk permiten estimar con precisión el riesgo cardiovascular a 10 años, incorporando factores clínicos y de estilo de vida, y destacan la relevancia de la presión arterial sistólica elevada como predictor clave. En este contexto, el tratamiento combinado con amlodipino y atorvastatina resulta especialmente relevante, ya que aborda simultáneamente la hipertensión y la dislipidemia, optimizando la prevención de eventos cardiovasculares y mejorando la adherencia terapéutica mediante formulaciones de dosis flexible.

 

Palabras clave: hipertensión arterial, dislipidemia, presión arterial sistólica, riesgo cardiovascular, Globorisk, amlodipino, atorvastatina, prevención cardiovascular

 

Abstract

 

Hypertension and dyslipidemia are modifiable risk factors that significantly contribute to the development of CVD and premature mortality, and their coexistence further increases cardiovascular risk. Recent studies have shown that even moderate increases in systolic blood pressure are associated with a continuous rise in cardiovascular risk, highlighting the importance of comprehensive blood pressure management over time. Tools such as Globorisk enable the accurate estimation of 10-year cardiovascular risk, incorporating both clinical and lifestyle factors, and emphasizing elevated systolic blood pressure as a key predictor. In this context, combined treatment with amlodipine and atorvastatin is particularly relevant, as it simultaneously addresses hypertension and dyslipidemia, optimizing the prevention of cardiovascular events and improving adherence through flexible-dose formulations.

 

Keywords: arterial hypertension, dyslipidemia, systolic blood pressure, cardiovascular risk, Globorisk, amlodipine, atorvastatin, cardiovascular prevention

 

Introducción

 

Las enfermedades cardiovasculares (ECV) representan una de las principales causas de mortalidad a nivel mundial y constituyen un importante problema de salud pública. En 2016, el 71% de los 56.9 millones de muertes registradas globalmente se atribuyeron a enfermedades no transmisibles (ENT), entre ellas las ECV. Es importante destacar que el 42% de estas defunciones ocurrieron en personas menores de 70 años. Uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Organización de las Naciones Unidas es reducir en un tercio la mortalidad prematura por ENT para el año 2030. Para alcanzar esta meta, resulta esencial identificar con urgencia los factores de riesgo que contribuyen al desarrollo de ECV y a la muerte prematura, y establecer intervenciones prioritarias en consecuencia.1

 

La hipertensión arterial constituye un factor de riesgo modificable de gran relevancia tanto para las ECV como para la mortalidad prematura. Metaanálisis basados en una amplia gama de ensayos clínicos aleatorizados han demostrado que por cada disminución de 5 mmHg en la presión arterial sistólica (PAS), el riesgo de accidente cerebrovascular, insuficiencia cardiaca, cardiopatía isquémica y muerte cardiovascular se reduce en 13, 13, 8 y 5%, respectivamente. Las guías clínicas de hipertensión recomiendan reducir la presión arterial por debajo de 140/90 mmHg para mejorar el pronóstico a largo plazo.1

 

Durante las últimas décadas, la hipertensión se ha definido como el nivel de presión arterial (PA) a partir del cual los beneficios del tratamiento superan los posibles riesgos, según lo determinado por ensayos clínicos aleatorizados. Aunque este concepto fundamental se ha mantenido constante, los valores umbral de presión arterial sistólica (PAS) y diastólica (PAD) para el diagnóstico de hipertensión se han ido reduciendo progresivamente, conforme la evidencia científica ha demostrado que los fármacos antihipertensivos son eficaces para disminuir los eventos cardiovasculares incluso en niveles de presión arterial cada vez más bajos.2

 

Epidemiología

 

Las enfermedades no transmisibles (ENT) se mantienen entre las principales causas de morbilidad y mortalidad a nivel mundial. Según el estudio de la Carga Global de la Enfermedad 2019, la hipertensión arterial sistémica (HAS) constituye un factor de riesgo determinante para el desarrollo de enfermedades cardiovasculares (CV) y representa la principal causa de años de vida ajustados por discapacidad (AVAD), con una prevalencia global estimada del 31%.3

 

Se estima que cerca del 70% de las personas que viven en sociedades altamente urbanizadas o aculturadas presentan un mayor riesgo de desarrollar enfermedad cardiovascular (ECV). De acuerdo con los puntos de corte propuestos para el diagnóstico de hipertensión en la guía de presión arterial del American College of Cardiology (ACC) y la American Heart Association (AHA) de 2017 (presión arterial sistólica ≥ 130 mm Hg o presión arterial diastólica ≥ 80 mm Hg), aproximadamente 63% de los adultos de entre 45 y 75 años en Estados Unidos y 55% en China cumplen con criterios diagnósticos de hipertensión.4

 

En las últimas décadas, se ha observado un desplazamiento hacia la izquierda en la distribución de la presión arterial en los países de ingresos altos. Como era de esperar, este descenso progresivo de los niveles de presión arterial se ha asociado con una reducción de la incidencia de ECV. Sin embargo, el número absoluto de personas con hipertensión a nivel mundial ha aumentado debido a un desplazamiento hacia la derecha en la distribución de la presión arterial en los países de ingresos bajos y medios.4

En nuestro país, la ENSANUT (Encuesta Nacional de Salud y Nutrición Continua) 2023 investigó la prevalencia de hipertensión con diagnóstico previo, la cual se obtuvo mediante autorreporte de la población de 20 años y más, quienes respondieron afirmativamente a la pregunta: “¿Algún médico le ha dicho que tiene la presión alta?” En los resultados se anotó que 17.4% de los adultos presentaron diagnóstico previo de hipertensión arterial, con una prevalencia de 15.5% en hombres y 19.2% en mujeres.5

 

El grupo de adultos de 60 años y más mostró la mayor prevalencia de hipertensión diagnosticada, con 40.0%. Entre las personas con diagnóstico previo, 79.8% refirieron estar en tratamiento farmacológico para el control de la enfermedad, porcentaje que correspondió a 76.3% en hombres y 82.3% en mujeres.5

 

La proporción más alta de adultos que seguían tratamiento farmacológico se observó en el grupo de 60 años y más (93.0%), mientras que la más baja correspondió al grupo de 20 a 39 años (39.3%), lo que evidencia una menor adherencia terapéutica en los grupos de menor edad.5

 

Consideraciones generales

 

Según la mayoría de las guías clínicas, la hipertensión arterial sistémica (HAS) se diagnostica cuando la presión arterial sistólica (PAS) es igual o superior a 140 mmHg y/o la presión arterial diastólica (PAD) es igual o superior a 90 mmHg, tras mediciones repetidas en el consultorio. Esta clasificación es aplicable a jóvenes, adultos y personas mayores.6

 

La presión arterial responde dinámicamente a los cambios del entorno para mantener la perfusión adecuada de los órganos. Entre los principales mecanismos reguladores se incluyen el sistema nervioso simpático, el sistema renina-angiotensina-aldosterona y el volumen plasmático, controlado en gran medida por los riñones.6

 

La hipertensión arterial primaria (antes denominada “esencial”) tiene una etiología multifactorial que involucra factores genéticos, ambientales y conductuales con efectos combinados sobre la función cardiovascular y renal. Entre los factores de riesgo más relevantes se encuentran:6-8

 

Edad: la presión arterial aumenta progresivamente con la edad; la prevalencia de hipertensión se estima entre 10 y 11% en adultos jóvenes y hasta 70% en mayores de 75 años.

 

Obesidad: el exceso de peso se relaciona de manera directa con la elevación de la presión arterial y explica parte del incremento observado con el envejecimiento.

Historia familiar: el riesgo de hipertensión se duplica en individuos con antecedentes familiares, con una contribución genética estimada en torno al 30% de la variabilidad total de la presión arterial.

Raza: la hipertensión es más frecuente, más severa y de inicio más temprano en personas de raza negra, lo que podría relacionarse con factores socioeconómicos, ambientales y dietéticos, como una mayor ingesta de sodio y un menor consumo de potasio.

 

Número reducido de nefronas: una masa nefronal menor debida a factores genéticos o alteraciones en el desarrollo intrauterino, como bajo peso al nacer o parto prematuro, puede predisponer a hipertensión.

 

Dieta alta en sodio: el consumo excesivo de sal (> 3 g/día) eleva el riesgo de hipertensión, mientras que la restricción de la sal contribuye al control de la presión arterial.

Consumo excesivo de alcohol: la ingesta elevada favorece el desarrollo de hipertensión., y su reducción mejora los valores de presión arterial y el estado general de salud.

Inactividad física: la falta de ejercicio incrementa el riesgo de hipertensión; la actividad física regular constituye una medida eficaz para su prevención y control.

 

Cabe destacar que la hipertensión arterial suele cursar de forma asintomática en sus etapas iniciales, lo que contribuye a un número considerable de casos no diagnosticados.6

 

Presión arterial sistólica y riesgo cardiovascular

 

Debe señalarse que también se ha estudiado la presión diastólica como factor de riesgo. La hipertensión diastólica aislada (HDA), definida como una presión arterial diastólica dentro del rango hipertensivo con una presión sistólica dentro de valores normales, no es infrecuente y se presenta en menos del 20% de los adultos con hipertensión. Este patrón suele coexistir con otros factores de riesgo cardiovascular y las personas que la padecen tienden a mostrar menor conocimiento o diagnóstico de su condición en comparación con quienes presentan hipertensión sistólica y diastólica combinada.9

 

La HDA parece representar un factor de riesgo subestimado para eventos cardiovasculares, probablemente debido a la inconsistencia en la evidencia que relaciona esta condición con dichos eventos, lo que sugiere que se trata de un fenómeno clínicamente heterogéneo. Por tanto, su abordaje terapéutico no debe aplicarse de forma uniforme. En lugar de considerarla una entidad de bajo riesgo generalizado, resulta más apropiado realizar una caracterización detallada del paciente en el contexto de su riesgo cardiovascular global, a fin de determinar el posible beneficio neto del tratamiento.9

 

Los estudios epidemiológicos desempeñan un papel fundamental en el análisis de las asociaciones entre la presión arterial sistólica (PAS) y la presión arterial diastólica (PAD) con las enfermedades cardiovasculares. Estos estudios aportan evidencia clave para el diseño de ensayos clínicos, así como para la definición de los umbrales y los objetivos terapéuticos recomendados en las guías clínicas.2

 

En torno a la presión arterial sistólica (PAS), Clarke et al. ampliaron datos previos utilizando los datos del China Kadoorie Biobank, que incluyó a 489,495 adultos de entre 40 y 79 años sin antecedentes de enfermedad cardiovascular, de los cuales 86,060 contaban con información genética. Mediante modelos de riesgos proporcionales de Cox, ajustados por edad, género, región, nivel educativo, consumo de tabaco, alcohol e índice de masa corporal, evaluaron la relación entre la PAS y diversas enfermedades cardiovasculares y no cardiovasculares.2

 

Los resultados mostraron una relación log-lineal a partir de una PAS de 120 mmHg con todos los eventos cardiovasculares estudiados, incluidos el accidente cerebrovascular isquémico, la hemorragia intracerebral y los eventos coronarios o vasculares mayores. Un incremento de 10 mmHg en la PAS se asoció con un riesgo relativo dos veces mayor de hemorragia intracerebral que de eventos isquémicos o coronarios. Además, el riesgo fue aproximadamente el doble en personas jóvenes (40 a 54 años) que en las mayores (70 a 79 años). Aunque en el análisis observacional los hombres mostraron un mayor riesgo que las mujeres, esta diferencia no fue significativa en el análisis genético. En este estudio no se halló asociación entre la PAS y la diabetes ni con la enfermedad renal crónica.2

 

Whelton et al. evaluaron el riesgo de enfermedad cardiovascular aterosclerótica (ASCVD) en individuos sin hipertensión ni otros factores de riesgo tradicionales, dentro de rangos de presión arterial sistólica (PAS) considerados normales según las definiciones actuales. Se analizaron 1,457 participantes del Multi-Ethnic Study of Atherosclerosis sin dislipidemia, diabetes, tabaquismo ni tratamiento antihipertensivo, con valores de PAS entre 90 y 129 mmHg, seguidos durante un promedio de 14.5 años.10

 

Los resultados mostraron que, incluso dentro de este rango normotenso, hubo un incremento progresivo de los factores de riesgo tradicionales, del calcio coronario y de los eventos cardiovasculares a medida que aumentaban los niveles de PAS. Por cada aumento de 10 mmHg en la PAS, el riesgo ajustado de ASCVD se incrementó en un 53%. En comparación con quienes tenían una PAS entre 90 y 99 mmHg, el riesgo fue tres veces mayor para los niveles entre 100 y 109 mmHg, similar para el rango de 110 a 119 mmHg, y casi cinco veces mayor cuando la PAS alcanzaba valores entre 120 y 129 mmHg.10

 

Estos datos indicaron que el riesgo cardiovascular se incrementa de manera gradual desde valores tan bajos como 90 mmHg, sugiriendo que no existe un umbral completamente “seguro” de presión arterial dentro del rango que se h considerado como normal.10

 

Otro estudio tuvo como objetivo estimar el tiempo en rango objetivo de la presión arterial sistólica (SBP-TTR, systolic blood pressure time-in-target range) asociado con la enfermedad cardiovascular (ECV) y la muerte prematura en personas con hipertensión que se encontraban laboralmente activas.1

 

Para ello, incluyeron 9,552 participantes del programa de manejo de hipertensión en el lugar de trabajo, iniciado por el Estudio Kailuan en 2009. El TTR se calculó mediante interpolación lineal, considerando como rango objetivo una presión arterial sistólica entre 120 y 140 mmHg. Para evaluar la asociación entre el SBP-TTR y la incidencia de ECV, ECV prematura y mortalidad prematura, se utilizaron modelos de regresión de Cox multivariables para estimar los riesgos relativos (HR) y sus intervalos de confianza (IC).1

 

Los participantes con valores más altos de TTR presentaron una menor prevalencia de factores de riesgo cardiovascular. Por cada incremento de una desviación estándar en el SBP-TTR, el HR fue de 0.81 (IC del 95%: 0.74–0.88) para ECV, 0.76 (IC del 95%: 0.67–0.86) para ECV prematura y 0.83 (IC del 95%: 0.74–0.92) para muerte prematura. Asimismo, un mayor SBP-TTR se asoció con un menor riesgo de accidente cerebrovascular isquémico (HR: 0.81; IC del 95%: 0.74–0.90) y hemorrágico (HR: 0.72; IC del 95%: 0.56–0.93), aunque no se observó una asociación significativa con infarto de miocardio (HR: 0.84; IC del 95%: 0.68–1.03). Se obtuvieron resultados similares al redefinir el rango objetivo de presión sistólica entre 110 y 130 mmHg, aunque en este caso la relación con el accidente cerebrovascular hemorrágico no alcanzó significación estadística (HR: 0.84; IC del 95%: 0.64–1.10).1

 

En este estudio se concluyó que en personas con hipertensión arterial, un mayor tiempo en rango objetivo de la presión arterial sistólica se asocia con una disminución del riesgo de enfermedad cardiovascular, enfermedad cardiovascular prematura y muerte prematura.1

Otro artículo amplió la evidencia existente al analizar la asociación entre los cambios en la variabilidad de la presión arterial sistólica a lo largo del tiempo (SBPV, systolic blood pressure variability) y los desenlaces clínicos en un entorno de atención primaria.11

 

La variabilidad de la presión sistólica entre visitas se determinó mediante la desviación estándar de tres o más mediciones obtenidas en dos periodos: entre 5 y 10 años antes del ingreso (periodo 1) y entre 0 y 5 años antes del ingreso (periodo 2) al Biobanco del Reino Unido. Se emplearon modelos de riesgos proporcionales de Cox para evaluar las asociaciones entre los cambios absolutos en la SBPV y los patrones de cambio entre ambos periodos con el riesgo de enfermedad cardiovascular (ECV), cardiopatía isquémica (CHD), accidente cerebrovascular, fibrilación o aleteo auricular (FA), insuficiencia cardiaca (IC), enfermedad renal crónica (ERC), demencia y mortalidad global.11

 

Para el análisis se incluyeron 36,251 participantes con un tiempo medio de seguimiento de 13.9 años. En los modelos totalmente ajustados, un aumento en la SBPV del periodo 1 al periodo 2 se asoció significativamente con un mayor riesgo de ECV, CHD, accidente cerebrovascular, ERC y mortalidad total (todas con P para tendencia < 0.005), lo que representó un incremento del riesgo entre 23 y 33% al comparar a los participantes con un aumento de SBPV por encima del tercer tercil frente a aquellos por debajo del primero. Un incremento en la SBPV también pareció relacionarse con un mayor riesgo de FA, IC y demencia; sin embargo, estas asociaciones no alcanzaron significación estadística (P < 0.005). El análisis con splines cúbicos restringidos no mostró asociaciones no lineales, ya que todos los valores de P para no linealidad fueron > 0.05.11

 

En cuanto a los patrones de cambio en la SBPV, en comparación con los participantes que mantuvieron niveles consistentemente bajos, aquellos con SBPV alta en ambos periodos presentaron un incremento del riesgo de ECV, CHD, accidente cerebrovascular, FA, IC, ERC y mortalidad total, con un aumento del riesgo estimado de entre 28 y 46%. Las asociaciones observadas se mantuvieron estables en los análisis por subgrupos y de sensibilidad.11

 

Los autores concluyeron que un incremento en la variabilidad de la presión arterial sistólica a lo largo del tiempo se asoció con un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular, enfermedad renal crónica y mortalidad general. Estos datos refuerzan la relevancia del control de la variabilidad de la presión arterial sistólica como componente esencial en la práctica clínica.11

 

Relación con diabetes

 

La relación entre la presión arterial sistólica (PAS) y el riesgo de enfermedad cardiovascular (ECV) ha sido motivo de debate, especialmente sobre si dicha asociación es monotónica o si existe un punto óptimo (“nadir”) de presión que minimice el riesgo. Rao et al. investigaron la asociación entre las cifras de PAS y los eventos cardiovasculares en pacientes con diabetes a lo largo de todo el rango de valores de presión sistólica.12

 

Analizaron una cohorte de 49,000 personas con diabetes, de entre 50 y 90 años, identificadas entre 1990 y 2005 a partir de registros electrónicos de salud en el Reino Unido. La relación entre la PAS y los desenlaces cardiovasculares —enfermedad isquémica cardiaca, insuficiencia cardiaca, accidente cerebrovascular y muerte cardiovascular— se evaluó mediante un enfoque basado en aprendizaje profundo (deep learning).12

 

Durante un seguimiento promedio de 7.3 años se registraron 16,378 eventos cardiovasculares. La asociación entre la PAS y los eventos cardiovasculares mostró un patrón monotónico: los pacientes con una PAS basal < 120 mm Hg presentaron el menor riesgo de ECV. En comparación con este grupo de referencia, los riesgos relativos ajustados para ECV fueron de 1.03 (IC del 95%: 0.97–1.10) para PAS entre 120 y 129 mmHg, 1.05 (IC del 95%: 0.99–1.11) para PAS entre 130 y 139 mmHg, 1.08 (IC del 95%: 1.01–1.15) para PAS entre 140 y 149 mmHg, 1.12 (IC del 95%: 1.03–1.20) para PAS entre 150 y 159 mmHg y 1.19 (IC del 95%: 1.09–1.28) para PAS ≥ 160 mmHg.12

 

En este trabajo se concluyó, mediante el uso de modelos de aprendizaje profundo, que también hay una relación monotónica entre la presión arterial sistólica y el riesgo de eventos cardiovasculares en pacientes con diabetes, sin evidencia de una relación en forma de “J”, lo que sugiere que valores más bajos de presión sistólica se asocian consistentemente con menor riesgo cardiovascular.12

 

Globorisk: escala para predecir el riesgo de enfermedad cardiovascular

 

Globorisk es una herramienta global desarrollada por la Harvard T.H. Chan School of Public Health para estimar el riesgo de sufrir un evento cardiovascular, como infarto de miocardio o accidente cerebrovascular, en los próximos 10 años. A diferencia de otros modelos, está calibrada para adaptarse a las características epidemiológicas y a los niveles de mortalidad de cada país, lo que permite su aplicación tanto en poblaciones de altos como de bajos ingresos.13

 

El modelo incorpora factores clínicos y de estilo de vida como edad, género, tabaquismo, diabetes, colesterol total y, de manera especialmente relevante, la presión arterial sistólica elevada, uno de los predictores más fuertes de riesgo cardiovascular. Se aplicó en diversos países del orbe, destacando que la proporción de personas con alto riesgo fue mayor en China y México: el 33% de los hombres y el 28% de las mujeres en China presentaban un riesgo de ECV fatal a 10 años igual o superior al 10%. En México, la prevalencia de alto riesgo fue del 16% en hombres y del 11% en mujeres.13

 

En conjunto, Globorisk permite una estimación precisa y adaptable del riesgo cardiovascular a nivel individual y poblacional, destacando la importancia del control de la presión arterial sistólica como pilar fundamental en la prevención de enfermedades cardiovasculares.13

 

Importancia del tratamiento dual con amlodipino y atorvastatina

 

Como lo ha determinado Globorisk, la hipertensión arterial y la dislipidemia concomitantes son muy frecuentes y se asocian con un alto riesgo de enfermedad cardiovascular. A pesar de la disponibilidad generalizada de medicamentos seguros y eficaces para el tratamiento de ambas condiciones, su manejo está lejos de ser óptimo. De hecho, estudios epidemiológicos han indicado que el 90% de los pacientes con hipertensión y dislipidemia concomitantes no logran alcanzar sus objetivos terapéuticos para ambas patologías. Además, el objetivo óptimo de colesterol LDL en pacientes con factores de riesgo ha ido disminuyendo de manera constante, lo que requiere tratar a un mayor número de personas.14

 

Amlodipino y atorvastatina presentan perfiles de eficacia y seguridad excelentes para el tratamiento de la hipertensión y la dislipidemia, respectivamente. Ensayos clínicos han demostrado que la administración conjunta de ambos fármacos, en distintos rangos de dosis, no modifica la eficacia de ninguno de ellos. Asimismo, se ha comprobado la eficacia y la seguridad de la terapia con amlodipino/atorvastatina en una sola tableta en pacientes con distintos grados de riesgo cardiovascular. La combinación de ambos medicamentos en una formulación de dosis flexible ofrece la posibilidad de simplificar el tratamiento de la hipertensión, la angina y la dislipidemia, mejorando así la adherencia al tratamiento. El concepto de una tableta con doble terapia resalta la importancia de abordar ambos factores de riesgo de manera simultánea, tanto para el profesional de la salud como para el paciente.14

 

Referencias

 

1.     Han X, Liu S, Zhou X, Chen S, Wu S, Yang Q. Systolic Blood Pressure Time in Target Range and Cardiovascular Disease and Premature Death. JACC Asia. 2024;4(12):987-997.

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11.  Cheng X, Song C, Ouyang F, Ma T, He L, et al. Systolic blood pressure variability: risk of cardiovascular events, chronic kidney disease, dementia, and death. European Heart Journal. 2025;46:2673-2687.

12.  Rao S, Li Y, Nazarzadeh M, Canoy D, Mamouei M, et al. Systolic Blood Pressure and Cardiovascular Risk in Patients With Diabetes: A Prospective Cohort Study. Hypertension. 2023;80:598-607.

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