ERGE y dispepsia funcional
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27 jul 2026

ERGE y dispepsia funcional

Dr. Felipe Rojo García

Medicina General

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Gastroenterología

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Nutrición

Nutrición

Resumen

 

La enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE) y la dispepsia funcional (DF) son dos de los trastornos gastrointestinales más frecuentes y constituyen una causa importante de consulta médica. Ambas entidades comparten mecanismos fisiopatológicos y presentan una elevada superposición clínica, lo que dificulta su diagnóstico y tratamiento. Esta revisión resume los principales aspectos epidemiológicos, fisiopatológicos, clínicos y terapéuticos de la ERGE y la DF, con especial énfasis en su coexistencia, el abordaje diagnóstico y las estrategias terapéuticas actuales, incluyendo el papel de los procinéticos, en particular de itoprida, en pacientes con predominio de síntomas posprandiales.

 

Palabras clave: enfermedad por reflujo gastroesofágico, dispepsia funcional, trastornos de la interacción intestino-cerebro, superposición, procinéticos, itoprida

 

Abstract

 

Gastroesophageal reflux disease (GERD) and functional dyspepsia (FD) are among the most common gastrointestinal disorders and a major cause of healthcare use. These conditions share pathophysiological mechanisms and frequently overlap, making diagnosis and management more challenging. This review summarizes the epidemiology, pathophysiology, clinical features, and current treatment approaches for GERD and FD, with particular emphasis on their coexistence, diagnostic evaluation, and the role of prokinetic therapy—especially itopride—in patients with predominant postprandial symptoms.

 

Keywords: gastroesophageal reflux disease, functional dyspepsia, disorders of gut-brain interaction, overlap, prokinetics, itopride

 

Introducción

 

La dispepsia funcional es un trastorno altamente prevalente que con frecuencia se sobrepone a otros trastornos gastrointestinales, como la enfermedad por reflujo gastroesofágico, el síndrome de intestino irritable y el estreñimiento crónico. Esta coexistencia se asocia con una mayor intensidad de los síntomas y con un impacto clínico más importante. Asimismo, existe una relación directa entre el número de trastornos funcionales concomitantes y el incremento de la somatización, el deterioro de la calidad de vida y la mayor utilización de los recursos de atención en salud.1

 

En esta revisión, analizaremos primero la enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE) y después la dispepsia funcional, para integrarlas más adelante como una entidad que, en conjunto, dificulta el manejo clínico.

 

Enfermedad por reflujo gastroesofágico

 

La enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE) es una entidad compleja y multifactorial, mediada por mecanismos digestivos, respiratorios, neuroendocrinos y psicológicos, con o sin manifestaciones esofágicas. Constituye uno de los trastornos digestivos más frecuentes en la práctica clínica, con una prevalencia estimada del 15 al 20% en la población general, lo que equivale a aproximadamente uno de cada cinco adultos. Es más común en personas mayores de 50 años y no presenta diferencias significativas entre hombres y mujeres.2,3

 

La ERGE comprende un espectro de manifestaciones clínicas que se clasifican en síndromes esofágicos y extraesofágicos. Los síndromes esofágicos incluyen aquellos caracterizados exclusivamente por síntomas, como la pirosis, la regurgitación y el dolor torácico de origen esofágico, así como aquellos asociados a lesión de la mucosa, entre los que se encuentran la esofagitis erosiva (EE), la estenosis péptica, el esófago de Barrett (EB) y el adenocarcinoma de esófago (ACE).2

 

Desde el punto de vista fenotípico, la ERGE se presenta principalmente como enfermedad por reflujo no erosiva (ERNE), que representa entre el 60 y el 70% de los casos, seguida de la EE, presente en aproximadamente el 30%, mientras que el EB se identifica en cerca del 6 al 8% de los pacientes. La ERNE constituye un grupo heterogéneo de pacientes con síntomas típicos de reflujo en ausencia de lesiones visibles en la endoscopia.2

 

Entre los pacientes con pirosis y endoscopia digestiva alta normal, aproximadamente el 50% presenta una exposición esofágica anormal al ácido, documentada mediante monitoreo ambulatorio del reflujo, lo que corresponde al fenotipo de ERNE. El resto presenta una exposición ácida fisiológica y se clasifica dentro de los trastornos funcionales esofágicos, que comprenden la pirosis funcional y la hipersensibilidad al reflujo, entidades diferenciadas según los criterios de Roma IV y las pruebas funcionales esofágicas.2

 

Las manifestaciones extraesofágicas de la ERGE se agrupan en aquellas con una asociación bien establecida, como la tos crónica, la laringitis, el asma y las erosiones dentales, y aquellas cuya relación con el reflujo permanece menos consistente o aún es motivo de investigación, entre ellas la fibrosis pulmonar, la otitis media y la sinusitis crónica. En estos pacientes, la demostración objetiva del reflujo adquiere especial importancia antes de atribuir la sintomatología a la ERGE.2

 

Factores de riesgo

 

Diversos factores favorecen el desarrollo o la exacerbación de la ERGE, ya sea al incrementar la presión intraabdominal, al alterar la función de la barrera antirreflujo o al favorecer episodios de relajación transitoria del esfínter esofágico inferior. Su identificación es fundamental, ya que muchos de ellos son modificables y constituyen objetivos importantes de las medidas no farmacológicas (cuadro 1).3

 

 

 

Cuadro 1. Principales factores de riesgo y desencadenantes de la ERGE.3

 

Dispepsia funcional

 

La dispepsia funcional (DF) se define como un trastorno gastrointestinal funcional, crónico y heterogéneo, caracterizado por síntomas originados en el tracto digestivo superior, en ausencia de alteraciones estructurales, metabólicas o sistémicas que expliquen la sintomatología. El diagnóstico se establece tras una evaluación clínica adecuada, que incluye la realización de una endoscopia digestiva alta para descartar una enfermedad orgánica.4

La dispepsia funcional se caracteriza por cuatro síntomas cardinales: epigastralgia, ardor epigástrico, plenitud posprandial y saciedad temprana. El dolor epigástrico debe estar presente al menos el 25% del tiempo durante las últimas 4 semanas, no guardar relación con la ingesta de alimentos y no ser atribuible a una enfermedad orgánica ni a una alteración metabólica que explique los síntomas. Por el contrario, el dolor localizado en otras regiones del abdomen, el dolor irradiado, la pirosis, la regurgitación ácida y la asociación con alteraciones del hábito intestinal no forman parte de la dispepsia funcional y orientan hacia diagnósticos diferenciales.5,6

 

De acuerdo con los criterios de Roma IV, se clasifica en dos subtipos: síndrome de distrés posprandial (SDP) y síndrome de dolor epigástrico (SDE). No obstante, en la práctica clínica es frecuente la superposición entre ambos, aunque esta clasificación sigue siendo útil para orientar el tratamiento.5,7

 

 

 

Cuadro 2. Subtipos de dispepsia funcional.7

 

La DF afecta aproximadamente entre el 10 y el 30% de la población y constituye uno de los trastornos gastrointestinales funcionales más frecuentes. Su fisiopatología es multifactorial e involucra alteraciones de la motilidad gastroduodenal, hipersensibilidad visceral, disfunción del eje intestino-cerebro y factores psicosociales.5

 

Entre otros, el consumo de tabaco, alcohol, café, dietas ricas en grasas, AINE, así como estrés, ansiedad, depresión y neurosis son factores que se han asociado con dispepsia funcional (cuadro 3).5,6

 

 

 

Cuadro 3. Factores relacionados con la dispepsia funcional.5,6,8

 

La DF presenta una elevada superposición con otros trastornos gastrointestinales funcionales, en particular con el síndrome de intestino irritable y la enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE), así como con otros síndromes de dolor crónico, como la fibromialgia. Esta coexistencia sugiere mecanismos fisiopatológicos compartidos, en particular hipersensibilidad visceral y alteraciones del eje intestino-cerebro.5

 

Enfermedad por reflujo gastroesofágico y dispepsia funcional

 

Un desafío diagnóstico de la ERGE es que un número importante de pacientes presenta síntomas típicos en ausencia de esofagitis erosiva y, en algunos casos, sin evidencia objetiva de reflujo patológico mediante las pruebas diagnósticas actualmente disponibles. Esta situación genera una zona de superposición entre la ERGE y los trastornos funcionales esofágicos, en particular la pirosis funcional, lo que dificulta su diferenciación y requiere una evaluación clínica y funcional cuidadosa.9,10

 

Una revisión sistemática publicada en 2011 mostró que los síntomas dispépticos, como el dolor epigástrico, la saciedad temprana, la distensión abdominal, la náusea y el vómito, son más frecuentes en pacientes con síntomas recurrentes de ERGE que en aquellos con síntomas intermitentes o sin ERGE (del 21 al 63% frente a una menor frecuencia). Asimismo, un estudio poblacional realizado en Corea, basado en los criterios de Roma III, encontró que aproximadamente el 50% de los pacientes con ERGE presentaba superposición con dispepsia no investigada.10

 

Otro estudio que incluyó a 100,000 pacientes evaluó la prevalencia y superposición de ERGE, DF y síndrome de intestino irritable (SII) mediante un cuestionario en línea aplicado a la población general. Entre los participantes que cumplían criterios para alguna de estas enfermedades, 69.3% presentó únicamente uno de los trastornos, 22.9% presentó dos y el 7.7% cumplió criterios para los tres. En conjunto, casi uno de cada tres pacientes (30.7%) con al menos uno de estos trastornos presentó una superposición de dos o más entidades, lo que pone de manifiesto la elevada coexistencia entre los trastornos gastrointestinales del eje intestino-cerebro.10

 

Estudios basados en cuestionarios han demostrado que los síntomas dispépticos son significativamente más frecuentes en los pacientes con ERGE, con una prevalencia que oscila entre el 21 y el 63%, en comparación con aquellos que presentan síntomas intermitentes o no presentan manifestaciones de reflujo.1

 

Abordaje terapéutico

 

La superposición de los trastornos de la interacción intestino-cerebro (TIIC) puede ocurrir entre diferentes regiones del tracto gastrointestinal o dentro de una misma región, como sucede con la coexistencia del síndrome de distrés posprandial y los trastornos de náusea y vómito, considerados entidades distintas. Su evaluación requiere una historia clínica detallada que determine la relación temporal entre los síntomas y su asociación con factores desencadenantes, como la ingesta de alimentos, la evacuación, la expulsión de gases o situaciones de estrés. Asimismo, es fundamental identificar comorbilidades psicológicas, como ansiedad, depresión y somatización, ya que estas pueden intensificar la percepción de los síntomas y favorecer la superposición de distintos TIIC, con importantes implicaciones diagnósticas y terapéuticas.1

 

Las medidas generales constituyen una parte importante del tratamiento inicial e incluyen modificaciones del estilo de vida, como seguir una dieta baja en grasas, consumir comidas de menor volumen, evitar el decúbito durante las 2 a 3 horas posteriores a la ingesta, suspender el consumo de tabaco y alcohol, y elevar la cabecera de la cama en pacientes con síntomas nocturnos.9

 

Farmacoterapia

 

En pacientes con dispepsia sin signos o síntomas de alarma ni manifestaciones sugestivas de enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE), se recomienda iniciar un tratamiento empírico. Los procinéticos constituyen una opción terapéutica de primera línea, especialmente en pacientes con predominio de plenitud posprandial, saciedad temprana o retraso del vaciamiento gástrico. Entre ellos, itoprida ha demostrado eficacia en el alivio de los síntomas dispépticos, con un perfil de seguridad favorable al carecer de efectos extrapiramidales y de repercusiones clínicamente relevantes sobre el intervalo QT, lo que la convierte en una alternativa preferible frente a procinéticos como metoclopramida para tratamientos de mayor duración. Cuando predominan síntomas compatibles con hipersecreción ácida o existe sospecha de enfermedad relacionada con el ácido, pueden utilizarse antagonistas de los receptores H2 o, de preferencia, inhibidores de la bomba de protones (IBP).6

 

Si tras 4 a 8 semanas de tratamiento empírico se logra el control de los síntomas, puede considerarse suspender el tratamiento farmacológico. En cambio, si la respuesta es insuficiente, se recomienda investigar y erradicar Helicobacter pylori, siempre que no haya signos de alarma. En caso de recurrencia tras el tratamiento de erradicación, debe verificarse el apego terapéutico y considerarse un esquema de rescate, preferentemente una terapia cuádruple con bismuto.

 

Los pacientes que presentan simultáneamente dispepsia y pirosis deben evaluarse y tratarse desde un inicio como ERGE. Asimismo, en quienes utilizan antiinflamatorios no esteroideos (AINE) y no es posible suspenderlos, se recomienda gastroprotección con un inhibidor de la bomba de protones o, cuando sea clínicamente factible, sustituir el AINE por paracetamol para el control del dolor o por celecoxib cuando se requiera mantener un antiinflamatorio y no existan contraindicaciones.6

 

En pacientes con recurrencia de los síntomas tras al menos 6 meses de suspensión del tratamiento y en ausencia de signos de alarma, puede repetirse el tratamiento empírico, individualizando la elección del procinético o del supresor de ácido según el perfil clínico predominante.6

 

Itoprida

 

Itoprida es un procinético que ejerce su acción mediante el antagonismo de los receptores dopaminérgicos D2 y la inhibición de la acetilcolinesterasa, lo que favorece el vaciamiento gástrico y mejora la motilidad gastrointestinal. Está aprobada para el tratamiento de la dispepsia funcional en diversos países, entre ellos Japón, México y varios de Europa.11

 

En un estudio de seguimiento a largo plazo en pacientes con dispepsia funcional sin enfermedad orgánica demostrable, itoprida mantuvo una mejoría clínica sostenida de los síntomas durante el tratamiento prolongado, con una elevada adherencia terapéutica.

 

Además, mostró un perfil de seguridad favorable, con predominio de efectos adversos gastrointestinales leves, elevaciones de prolactina sin repercusión clínica y ausencia de alteraciones electrocardiográficas relevantes.11

 

Estos resultados respaldan el uso de itoprida como alternativa eficaz y segura para el tratamiento prolongado de la dispepsia funcional, particularmente en pacientes con predominio de síntomas posprandiales.11

 

Referencias

 

1. González-Martínez M, Ochoa-Maya J. Dispepsia funcional y sobreposición con otros trastornos de la interacción cerebro-intestino. Clín Gastroenterol Méx. 2025;1(2):156-164.

 

2. Valdovinos-Diaz M, Amieva-Balmori M, Carmona-Sánchez R, Coss-Adame E, Gómez-Escudero O, et al. Recomendaciones de buena práctica clínica en el diagnóstico y tratamiento de la enfermedad por reflujo gastroesofágico. Revisión por expertos de la Asociación Mexicana de Gastroenterología. Revista de Gastroenterología de México. 2024;89:121-143.

 

3. Pérez E, Rodríguez A. Enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE). Guía de actuación. Madrid, España: SEFAC; 2021. Report No.: ISBN: 978-84-7867-794-8.

 

4. Carmona-Sánchez R, Vázquez-Elizondo G, Rodríguez-Leal M, Gómez-Escudero O, Bielsa-Fernández M, et al. Recomendaciones de buena práctica clínica en el diagnóstico y tratamiento de la dispepsia funcional. Revisión de expertos de la Asociación Mexicana de Gastroenterología. Revista de Gastroenterología de México. 2025;90:227-251.

 

5. Ricote M, et al. Dispepsia funcional. En: Trastornos funcionales gastroduodenales en AP. Nuevos criterios: Roma IV. 1st ed. Madrid, España: Semergen; 2018.

 

6. IMSS. Diagnóstico y Tratamiento de la Dispepsia Funcional. Guía de Referencia Rápida. Ciudad de México: Instituto Mexicano del Seguro Social, Coordinación de Unidades Médicas de Alta Especialidad; 2021. Report No.: ISBN: 978-607-8270-10-1.

 

7. Alcedo J, Guevara T, Mearin F. El enfermo con dispepsia. Cap 3. En: ASENEM, Neurogastroenterología y Motilidad Digestiva. 1st ed. Madrid, España: Editorial Médica Panamericana; 2024.

 

8. Mearin F. Dispepsia funcional. Revista de Gastroenterología de México. 2010; 75(Supl 2):19-24.

 

9. Garrigues V, Ponce J. Aspectos menos conocidos de la enfermedad por reflujo gastroesofágico: pirosis funcional y reflujo no ácido. Gastroenterol Hepatol. 2008; 31(8):522-529.

 

10. de Bortoli N, Tolone S, Frazzoni M, Martinucci I, Sgherri G, et al. Gastroesophageal reflux disease, functional dyspepsia and irritable bowel syndrome: common overlapping gastrointestinal disorders. Annals of Gastroenterology. 2018;31:639-648.

 

11. Broeders B, Tack J, Talley N. Itopride in functional dyspepsia: open-label, 1-year treatment follow-up of two multicenter, randomized, double-blind, placebo-controlled trials. Ther Adv Gastroenterol. 2025;18:1-14.

 

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