Prurito de origen alérgico
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20 ene 2026

Prurito de origen alérgico

Dr. Pedro Miguel Escalante

Dermatología

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Alergología

Alergología

Otorrinolaringología

Otorrinolaringología

Medicina General

Medicina General

Resumen

 

El prurito es uno de los síntomas más frecuentes en la práctica médica y constituye una experiencia sensorial compleja con importantes repercusiones clínicas y en la calidad de vida del paciente. Desde las primeras descripciones de Samuel Hafemreffer hasta los conocimientos actuales, el prurito se reconoce como una sensación somática desagradable que induce el rascado y puede perpetuar el daño cutáneo y la cronificación del síntoma. Los avances en la medicina traslacional han permitido comprender mejor su fisiopatología, destacando la interacción entre la piel, el sistema inmunitario y el sistema nervioso, así como el papel de diversos mediadores inflamatorios. El prurito puede clasificarse según su duración, distribución y etiología, siendo la causa alérgica una de las más relevantes en la práctica clínica. Entidades como la dermatitis atópica, la urticaria y la dermatitis alérgica de contacto ejemplifican este mecanismo. En este contexto, los antihistamínicos, en particular los antagonistas selectivos de los receptores H1, como levocetirizina, representan una opción terapéutica eficaz y segura para el control de los síntomas.

 

Palabras clave: prurito, histamina, prurito alérgico, dermatitis de contacto, antihistamínicos, levocetirizina

 

Abstract

 

Pruritus, commonly known as itching, is one of the most frequent symptoms encountered in medical practice. It is a complex sensory experience that significantly impacts patients' quality of life. From the early descriptions by Samuel Hafemreffer to contemporary understandings, pruritus is recognized as an unpleasant sensation that provokes scratching, which can lead to skin damage and the chronicity of symptoms. Recent advancements in translational medicine have enhanced our understanding of the mechanisms behind pruritus, highlighting the interactions among the skin, the immune system, and the nervous system, as well as the role of inflammatory mediators. Pruritus can be classified based on duration, distribution, and causes, with allergic triggers being especially important in clinical practice. Conditions such as atopic dermatitis, urticaria, and allergic contact dermatitis illustrate this mechanism. In these contexts, antihistamines—particularly selective H1 receptor antagonists like levocetirizine—are effective and well-tolerated therapeutic options.

 

Keywords: pruritus, histamine, allergic pruritus, contact dermatitis, antihistamines, levocetirizine

 

Introducción

 

Samuel Hafemreffer, médico alemán del siglo XVII, reconocido por ser uno de los primeros autores en definir el prurito de manera clínica y funcional, lo describió de una manera que, sorprendentemente, coincide con la concepción moderna de este síntoma. Hoy en día, el prurito se define como una sensación somática desagradable y molesta para el paciente, caracterizada por un marcado componente sensorial, emocional y motivacional, que desencadena y regula una conducta casi irresistible orientada al rascado. Esta respuesta, aunque al inicio puede ofrecer alivio transitorio, con frecuencia perpetúa el daño cutáneo y contribuye a la cronificación del síntoma.1

 

Los avances en la medicina traslacional han permitido identificar nuevos protagonistas implicados en la fisiopatología del prurito, revelando que se trata de un fenómeno mucho más complejo de lo que se pensaba. En este contexto, la interacción dinámica —o diafonía— entre la piel, el sistema inmunitario y el sistema nervioso resulta fundamental tanto para el inicio como para el mantenimiento del prurito a largo plazo. Mediadores inflamatorios, células inmunitarias, fibras nerviosas periféricas y vías centrales participan de manera integrada en la generación y modulación de esta sensación.1

 

Como señaló de forma irónica el poeta Ogden Nash, “La felicidad es rascarse cada vez que sentimos picor”. Sin embargo, esta afirmación contrasta con la realidad de los pacientes con prurito crónico, quienes experimentan un impacto profundo y sostenido en su calidad de vida. El prurito persistente interfiere con el sueño, el estado de ánimo, el desempeño laboral y las relaciones sociales, convirtiéndose en un síntoma que trasciende lo cutáneo y adquiere una dimensión clínica, psicológica y social de gran relevancia.1

 

Consideraciones generales

 

El prurito es un síntoma frecuente en la consulta médica y constituye una de las sensaciones más comunes en el ser humano, ya que todas las personas lo han experimentado en algún momento de su vida. Se trata de una sensación cutánea que puede desencadenarse por diversos estímulos, tanto centrales como periféricos, y que conduce a una respuesta mecánica de rascado. Por lo general, es intermitente, aunque en algunos casos puede volverse continuo y presentarse en cualquier momento del día.2

 

La intensidad con la que se percibe el prurito varía mucho entre las personas. Cuando el picor es intenso o prolongado, puede resultar incapacitante y ocasionar alteraciones importantes como insomnio, cambios en el carácter, ansiedad o inapetencia, entre otras. En esta percepción influyen factores como el cansancio, el reposo nocturno y el estrés físico o mental. Ante esta situación, el paciente puede adoptar actitudes muy diversas, que van desde el estoicismo hasta la desesperación, por lo que resulta fundamental identificar su etiología de forma adecuada.2

 

En la mayoría de los casos, el prurito se presenta relacionado con enfermedades cutáneas que lo explican, como alergias, picaduras de insectos, vesículas, eccemas o erupciones. Sin embargo, en otras ocasiones la piel se encuentra íntegra o únicamente presenta lesiones secundarias al rascado intenso; en estos casos, es imprescindible investigar otras posibles patologías subyacentes.2 No obstante, en esta revisión, nos centraremos más en la etiología alérgica.

 

Fisiopatología del prurito

 

En la piel, el prurito se origina a través de dos vías: una directa y otra indirecta. En la vía directa, los queratinocitos liberan mediadores como neuropéptidos, interleucinas, proteasas y citocinas que se unen directamente a los pruritoceptores. En la vía indirecta, los queratinocitos activan a otras células que liberan sustancias pruritogénicas, como el factor de crecimiento neural, la neurotrofina 4, los leucotrienos, los tromboxanos, la endotelina-1, los cannabinoides endógenos y la endorfina-β. Estas sustancias estimulan a los mastocitos y eosinófilos para liberar mediadores adicionales, lo que culmina en la activación de los pruritoceptores y de las neuronas del cuerno dorsal de la médula espinal.3

 

El dolor y el prurito comparten diversos mecanismos neurofisiológicos. Ambos son consecuencia de la activación o excitación de las terminales nerviosas localizadas en la epidermis, cuyos impulsos se transmiten por la vía espinal al sistema nervioso central. Estos estímulos pueden actuar de manera indirecta mediante la liberación de mediadores químicos y su origen puede ser interno o externo, de naturaleza química, mecánica, eléctrica o térmica.2

 

Entre los principales mediadores implicados se encuentran la histamina, la serotonina, los péptidos vasoactivos, las encefalinas, las taquicininas y las prostaglandinas, así como la activación de la unidad celular funcional responsable de la mayoría de los casos de prurito. No obstante, la participación de otros mediadores —como prostaglandinas, bradicininas, serotonina e interleucinas— explica por qué los antihistamínicos resultan ineficaces en algunos tipos de prurito, en especial aquellos asociados con dermatosis y enfermedades sistémicas, aunque siguen siendo altamente eficaces en reacciones alérgicas y picaduras de insectos.2

 

A la percepción del prurito le sigue una respuesta motora de rascado, modulada por el centro corticotalámico y mediada por un reflejo espinal. Tras el rascado, suele experimentarse un alivio temporal que puede durar entre 15 y 25 minutos; posteriormente, la sensación de picor puede reaparecer o incluso intensificarse. Aunque el mecanismo exacto por el cual el rascado alivia el prurito no se conoce con precisión, se postula que genera impulsos sensoriales capaces de interrumpir los circuitos neuronales implicados a nivel medular.2

 

Histamina

 

La histamina es una amina hidrofílica derivada del aminoácido histidina. Una vez sintetizada, se almacena o se inactiva rápidamente. En el sistema nervioso central, participa en la regulación del ritmo sueño-vigilia, lo que explica el efecto sedante de algunos antihistamínicos. La mayor parte de la histamina corporal se encuentra almacenada en los gránulos de los mastocitos y de los basófilos.2

 

Cuando se forma el complejo antígeno-anticuerpo en el mastocito, se desencadena una cascada de fenómenos que conduce a la liberación de histamina, lo que provoca prurito, vasodilatación, hipotensión, rubor, cefalea, taquicardia, broncoconstricción, aumento de la permeabilidad vascular y potenciación del dolor. A mayor liberación de histamina, mayor será la intensidad del prurito.2

 

En la práctica clínica, la histamina no se libera de manera aislada, sino junto con otros mediadores almacenados o sintetizados tras la activación de los mastocitos, como la triptasa, diversas interleucinas, la prostaglandina D₂ y el factor activador de plaquetas. La acción de la histamina puede inhibirse mediante bloqueadores de los receptores H1, H2 y H4, lo que evidencia el papel central de los mastocitos en la fisiopatología del prurito.2

 

Clasificación del prurito

 

Según su tiempo de evolución, el prurito puede clasificarse en agudo, cuando dura menos de 6 semanas, o en crónico, cuando persiste durante 6 semanas o más. Desde el punto de vista de su distribución, puede presentarse de forma generalizada o localizada, siendo esta última más frecuente en las enfermedades dermatológicas.4

 

En la práctica clínica, la clasificación etiológica es la más utilizada y permite agrupar el prurito en varias categorías (cuadro 1).

 

Dermatológico: se origina en la piel como consecuencia de procesos inflamatorios e infecciosos, así como de trastornos de la queratinización, como la ictiosis, entre otros.

 

Sistémico: es secundario a enfermedades de órganos distintos de la piel o al uso de determinados fármacos, como ocurre en la atresia de las vías biliares, la poliquistosis renal y otras patologías sistémicas.

 

Neurológico: incluye el prurito neurogénico y el neuropático, asociados con lesiones del sistema nervioso central y periférico, respectivamente.

 

Psicógeno: se relaciona con trastornos psiquiátricos y debe considerarse siempre como diagnóstico de exclusión.

 

Otros: comprende los casos de etiología desconocida o de origen mixto.

 

Cuadro 1. Clasificación etiológica del prurito.4

 

Prurito por alergia

 

El prurito alérgico se caracteriza por una sensación intensa y persistente de picazón, consecuencia de la liberación de diversos mediadores inflamatorios, principalmente la histamina, tras la activación del sistema inmunitario durante una reacción alérgica. Por lo general, este proceso se inicia con la exposición a un alérgeno, que desencadena la activación de mastocitos y basófilos, con la subsecuente liberación de histamina, leucotrienos, prostaglandinas y citocinas, que estimulan las terminaciones nerviosas cutáneas responsables de la percepción del prurito.

 

El prurito alérgico es un síntoma cardinal en enfermedades como la dermatitis atópica, en la que se asocia con inflamación crónica de la piel, alteración de la barrera cutánea y una marcada hiperreactividad inmunitaria; en la urticaria, se presenta de forma súbita, acompañado de habones evanescentes y edema dérmico; y en la dermatitis de contacto, que aparece tras la exposición a sustancias sensibilizantes o irritantes, con distribución localizada y relación temporal clara con el agente causal.

 

Este tipo de prurito suele intensificarse durante la noche, con el calor, el estrés emocional o el rascado repetido, lo que favorece el establecimiento del denominado “círculo vicioso prurito-rascado”, responsable de lesiones secundarias como excoriaciones, liquenificación e infecciones cutáneas sobreañadidas.

 

Un ejemplo común de prurito alérgico es la dermatitis de contacto (DC), una reacción eccematosa pruriginosa de la piel que aparece horas o días después del contacto con un alérgeno. A diferencia de la dermatitis de contacto irritativa, que se debe al efecto tóxico directo de una sustancia química sobre la piel, la DC corresponde a una reacción de hipersensibilidad retardada tipo IV frente a un hapteno o antígeno.5

 

A diferencia de otros tipos de reacciones de hipersensibilidad, la DC no depende de anticuerpos, sino que se basa en una respuesta inmunitaria mediada por linfocitos T auxiliares tipo 1 (Th1), tras la presentación del antígeno por células presentadoras de antígeno. Su desarrollo ocurre en dos fases bien definidas: la fase de inducción, en la que el sistema inmunitario se sensibiliza frente al antígeno, y la fase de elicitación, en la que la respuesta inmunitaria se desencadena tras una nueva exposición al alérgeno.5

 

Entre los alérgenos más frecuentes se encuentran los metales, como el níquel; las plantas, como la hiedra venenosa; los medicamentos tópicos, como neomicina; y diversos productos de uso doméstico, como el formaldehído y las fragancias (cuadro 2). Aunque la dermatitis de contacto irritativa y la dermatitis alérgica de contacto suelen ser clínicamente difíciles de diferenciar, las pruebas epicutáneas (patch test) constituyen el método de referencia para identificar el alérgeno causal y confirmar el diagnóstico de dermatitis alérgica de contacto.5

 

 

 

Cuadro 2. Alérgenos más frecuentes en la dermatitis alérgica de contacto.

 

Tratamiento

 

Los cuidados generales del paciente con prurito incluyen una serie de medidas destinadas a reducir la irritación cutánea y a evitar los factores desencadenantes. Se recomienda evitar el consumo de tabaco, alcohol, cafeína, alimentos picantes y otros estimulantes, así como minimizar el estrés. Es preferible la ducha al baño, con agua tibia y una duración máxima de 10 minutos. Para la higiene, deben emplearse jabones sin detergentes o geles para ducha, evitando productos perfumados y sustancias irritantes como el lauril sulfato de sodio; de ser posible, se aconseja el uso de jabones con pH neutro. Tras la limpieza, es fundamental aplicar cremas emolientes o bálsamos hipoalergénicos, libres de fragancias y conservadores, con alto potencial sensibilizante, como las isotiazolinonas, y que puedan incluir ingredientes con efecto calmante. Asimismo, se recomienda el uso de ropa suave, holgada y preferentemente de algodón, evitando prendas ajustadas y materiales sintéticos que puedan aumentar la irritación cutánea.6

 

Desde el punto de vista terapéutico, el prurito alérgico responde favorablemente a los antihistamínicos, en especial a los bloqueadores de los receptores H1, así como al tratamiento etiológico, dirigido a reducir la inflamación cutánea y evitar la exposición al alérgeno desencadenante.6

 

Levocetirizina es un antagonista selectivo de los receptores H1 de la histamina (H1R), cuyo mecanismo de acción se basa en la inhibición competitiva de la histamina. Debido a su elevada afinidad por estos receptores y a su eficacia clínica, se recomienda como tratamiento de primera línea en la mayoría de los cuadros de prurito y de manifestaciones alérgicas mediadas por histamina.6

 

Como enantiómero activo de cetirizina, levocetirizina ofrece una potente acción antihistamínica con un perfil de seguridad favorable. Además de bloquear los efectos clásicos de la histamina, se ha descrito que ejerce acciones antiinflamatorias complementarias al reducir la activación y la migración de células inflamatorias y disminuir la liberación de mediadores implicados en la respuesta alérgica. Estas propiedades contribuyen a un mejor control de los síntomas, especialmente en procesos alérgicos persistentes.

 

En la práctica clínica, levocetirizina ha demostrado eficacia sostenida en el alivio del prurito, el eritema y el edema, con un inicio de acción rápido y una duración prolongada, lo que permite su administración en una sola dosis diaria. Su baja penetración en el sistema nervioso central se traduce en una menor incidencia de sedación que la de los antihistamínicos de primera generación, lo que favorece su uso continuo y seguro.

 

Referencias

 

1. Navarro-Triviño F. Prurito en dermatología. Generalidades y pruritógenos. Parte 1. ACTAS Dermo-Sifiliográficas. 2023;114:512-522.

2. Ledo M, García M, Serrano N. El prurito y sus efectos sobre la piel. Enf Dermatol. 2012;(16):8-15.

3. Alcalá-Pérez D, Barrera-Pérez M, Jurado-Santa Cruz F. Fisiopatología del prurito. Rev Cent Dermatol Pascua. 2014;23(1):6-11.

4. Pascual C, Crehuet M, Latre A, Casellas D. Prurito. ESCCAPP-GI, 2020;1-11.

5. Ting-Lin B, Kim B. Pruritus in allergy and immunology. J Allergy Clin Immunol. 2019;144:353-360.

6. Navarro-Triviño F. Prurito en dermatología. Enfermedades y su tratamiento. Parte 2. ACTAS Dermo-Sifiliográficas. 2023;114:613-626.

 

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