Marcha atópica: de la dermatitis al asma
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20 ene 2026

Marcha atópica: de la dermatitis al asma

Dr. Felipe Rojo García

Alergología

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Dermatología

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Otorrinolaringología

Otorrinolaringología

Medicina General

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Resumen

 

Durante la infancia temprana se completa la maduración del sistema inmunitario, etapa en la que las enfermedades alérgicas alcanzan su mayor prevalencia. La marcha atópica describe la progresión de la dermatitis atópica y la alergia alimentaria en los primeros años de vida hacia el asma y la rinitis alérgica en etapas posteriores. La dermatitis atópica suele ser la primera manifestación clínica y se asocia con disfunción de la barrera cutánea, favorecida por alteraciones como las mutaciones en la filagrina, que facilitan la sensibilización percutánea y una respuesta inmunitaria predominante Th2. Evidencias epidemiológicas y experimentales destacan el papel central de la piel en la patogenia de la marcha atópica, lo que ha impulsado estrategias preventivas orientadas a restaurar la barrera cutánea y al desarrollo de terapias biológicas. Sin embargo, las medidas preventivas clásicas han mostrado resultados inconsistentes y persiste la necesidad de identificar biomarcadores tempranos que permitan predecir su progresión.

 

Palabras clave: marcha atópica, dermatitis atópica, alergia alimentaria, asma, rinitis alérgica, barrera cutánea

 

Abstract

 

Early childhood is characterized by immune system maturation and the high prevalence of allergic diseases. The atopic march describes the progression from atopic dermatitis and food allergy in infancy to asthma and allergic rhinitis later in life. Atopic dermatitis is often the earliest manifestation and is associated with skin barrier dysfunction, frequently linked to filaggrin alterations, which promote percutaneous sensitization and a mainly Th2 immune response. Epidemiological and experimental evidence highlight the central role of the skin in the pathogenesis of the atopic march, supporting preventive strategies focused on restoring the skin barrier and targeted therapies. Nevertheless, traditional preventive approaches have shown inconsistent results, and the identification of early biomarkers to predict disease progression remains a key challenge.

 

Keywords: atopic march, atopic dermatitis, food allergy, asthma, allergic rhinitis, skin barrier

 

Introducción

 

Durante la primera década de la vida se producen el desarrollo y la maduración completos del sistema inmunitario. Durante este periodo, además de las infecciones —principalmente de las vías respiratorias y gastrointestinales—, los procesos alérgicos alcanzan su mayor prevalencia.1

 

La función principal de la respuesta inmunitaria es proteger frente a agentes infecciosos y tóxicos. Sin embargo, en determinadas circunstancias pueden producirse respuestas exageradas que ocasionan lesiones de diversa magnitud e incluso ponen en riesgo la vida. Este fenómeno se conoce, de forma general, como hipersensibilidad, y los daños resultantes se deben a los mismos mecanismos que confieren protección, pero activados de manera desproporcionada, por lo general frente a agentes que no representan un riesgo para la mayoría de las personas.1

 

El término atopia se refiere a la capacidad de producir anticuerpos IgE tras la exposición a proteínas inhaladas, ingeridas o que entran en contacto con la piel. Su expresión clínica es variable, desde una sensibilización asintomática hasta el desarrollo de una o varias enfermedades alérgicas mediadas por IgE, como dermatitis atópica (DA), alergia alimentaria (AA), asma, rinitis/rinoconjuntivitis alérgica (RA/RCA) e incluso anafilaxia.2

 

Estudios recientes han señalado un aumento en la prevalencia de las enfermedades atópicas (fig. 1), que afectan entre el 15 y el 35% de la población infantil. La dermatitis atópica se presenta en el 15 al 20% de la población pediátrica, mientras que la alergia alimentaria alcanza su mayor prevalencia en el primer año de vida (6 a 8%). En países como España, el 20.4% de los niños de 6 a 7 años y el 35.2% de los adolescentes de 13 a 14 años refieren síntomas de rinitis alérgica en el último año. La prevalencia de asma pediátrica es del 10.4% en niños de 6 a 7 años y del 15.3% en adolescentes de 13 a 14 años, con variaciones geográficas según un estudio local.2

 

 

 

 

Figura 1. Prevalencia de enfermedades alérgicas a lo largo de la vida.

 

Marcha atópica

 

La marcha atópica (MA) describe la progresión de estas manifestaciones, desde la DA y AA en lactantes y preescolares hasta el asma y la rinitis alérgica en la edad escolar y la adolescencia. La presencia y gravedad de la dermatitis atópica aumentan el riesgo de alergia alimentaria, que, a su vez, constituye un factor de riesgo para el desarrollo de asma y rinitis alérgica. Asimismo, la DA y la rinitis alérgica se consideran factores de riesgo independientes para el desarrollo de asma.2,3

 

La dermatitis atópica (fig. 2) suele manifestarse en etapas tempranas de la vida y, por ello, la mayoría de los estudios prospectivos longitudinales de cohortes la han considerado como punto de inicio de la llamada marcha atópica. No obstante, estos mismos estudios han demostrado que alrededor del 50% de los niños con DA no progresa hacia la marcha atópica, incluso según su definición más amplia.3

 

 

 

 

Figura 2. Dermatitis atópica.

 

De hecho, evidencias recientes procedentes de cohortes de nacimiento que emplean modelos bayesianos de aprendizaje automático indican que la progresión lineal clásica de la marcha atópica no refleja adecuadamente la heterogeneidad de los fenotipos alérgicos, los cuales están determinados por una compleja interacción de factores ambientales, genéticos y psicosociales.3

 

A pesar de ello, la DA continúa siendo, con frecuencia, la primera manifestación clínica de la marcha atópica. Profundizar en la comprensión de sus mecanismos patogénicos resulta fundamental, ya que podría constituir un punto de inflexión en la prevención de las enfermedades alérgicas.3

 

Patogenia

 

El primer paso en la patogenia de la marcha atópica es la exposición al alérgeno o el primer episodio de sensibilización en la vida del paciente, lo que conduce a la activación de las células epiteliales y a la liberación de linfopoyetina estromal tímica (TSLP) y de factor de necrosis tumoral alfa (TNF-α). Estas citocinas actúan como factores quimiotácticos para las células dendríticas e inducen la expresión de moléculas de adhesión en el endotelio.4

Las células dendríticas internalizan el alérgeno a través de sus receptores de alta afinidad para IgE (FcεRI), migran a los ganglios linfáticos y median la activación de linfocitos T vírgenes hacia un perfil Th1 (con liberación de interleucina-2 [IL-2] e interferón gamma [IFN-γ]) y Th2 (con liberación de IL-4).4

 

Posteriormente, se establece el denominado ciclo de “rascado–fricción”, en el que la disfunción de la barrera cutánea, asociada, entre otros factores, a mutaciones en la filagrina, provoca una disminución de la respuesta Th1 y un predominio de la respuesta Th2, con aumento de la secreción de IL-5 e IL-13. Este desequilibrio favorece la infiltración eosinofílica y la hiperproducción de inmunoglobulina E (IgE).4

 

La respuesta Th2 amplifica la reacción alérgica en las mucosas nasal y bronquial, dando lugar a infiltración eosinofílica, hipersecreción de IgE y proliferación de mastocitos, además de activación epitelial, hipersecreción de moco y proliferación del músculo liso, características observadas en el asma.4

 

La filagrina es una proteína producida en el estrato córneo de la epidermis que desempeña un papel esencial en la formación de la barrera cutánea protectora, al evitar la pérdida de agua y la entrada de microorganismos en las capas más profundas de la piel. El principal mecanismo por el cual la filagrina participa en la patogenia de las enfermedades alérgicas es la potenciación de la respuesta sistémica Th2, lo que incrementa la susceptibilidad de los epitelios cutáneo, bronquial, nasal y gastrointestinal al desarrollo de enfermedades atópicas, en especial la dermatitis atópica y el asma. De manera relevante, se ha observado que el mantenimiento y la reparación de la barrera epidérmica en lactantes con dermatitis atópica podrían prevenir el desarrollo posterior de asma.4

Papel de la piel en la marcha atópica

 

Diversos estudios epidemiológicos y modelos animales han demostrado que la sensibilización cutánea y la exposición a alérgenos a través de una piel con la barrera cutánea alterada durante la dermatitis atópica constituyen el origen del desarrollo de la marcha atópica. Se han desarrollado múltiples modelos genéticos y experimentales en ratones, los cuales continúan perfeccionándose para reproducir la disrupción de la barrera cutánea y la sensibilización alérgica por vía cutánea, seguida de la progresión hacia asma o alergia alimentaria. Estos modelos han aportado herramientas sólidas para comprender los mecanismos celulares y moleculares implicados en la marcha atópica.5

 

Como resultado de estos avances, han surgido nuevas estrategias terapéuticas dirigidas a la piel con el objetivo de prevenir y atenuar la marcha atópica, entre ellas la restauración de la barrera cutánea y el uso de terapias biológicas.5

 

Asma y rinitis alérgica: etapas tardías de la marcha atópica

 

La dermatitis atópica (DA) se asocia estrechamente con el desarrollo posterior de asma y rinitis alérgica. A diferencia de las respuestas de IgE específicas frente a alimentos, las respuestas de IgE frente a alérgenos inhalados suelen desarrollarse más tarde en la infancia, lo que podría explicar el inicio más tardío de estas enfermedades respiratorias.6

 

La relación entre la DA y la alergia respiratoria se ve influida por la gravedad de la DA: aproximadamente el 20% de los niños con DA leve desarrollan asma, mientras que más del 60% de los niños con DA grave llegan a presentarla. Además, la presencia de DA se asocia con una mayor gravedad del asma y una mayor persistencia de esta enfermedad hasta la edad adulta.6

 

De forma similar a lo observado en la alergia alimentaria, las mutaciones con pérdida de función en el gen de la filagrina se correlacionan con una mayor susceptibilidad y gravedad del asma en pacientes con DA, pero no en aquellos sin DA, lo que sugiere que la inflamación cutánea es un requisito para el proceso de sensibilización alérgica.6

 

Prevención de la marcha atópica

 

Prevención del inicio de la DA

 

Como se ha señalado, la DA puede ser el punto de partida de la marcha atópica. Hasta la fecha, se han realizado estudios clínicos para prevenir el inicio de la DA, como la eliminación de alimentos durante el embarazo y la lactancia, la lactancia materna prolongada, la ingesta de fórmulas de leche hidrolizada durante la infancia y la mejora del entorno para evitar antígenos de ácaros. Sin embargo, su eficacia ha sido cuestionada por algunos metaanálisis. Asimismo, la inmunoterapia con alérgenos frente a ácaros en lactantes de alto riesgo tampoco logró prevenir el inicio de la DA.7

También se ha evaluado la eficacia de terapias nutricionales como la vitamina D, el aceite de pescado y los probióticos. Se ha descrito una correlación entre la disminución de las concentraciones sanguíneas de vitamina D y el aumento de la incidencia de DA; no obstante, un estudio aleatorizado comparativo sobre la prevención de la DA mediante suplementación con vitamina D no mostró un efecto preventivo. La administración oral de aceite de pescado a embarazadas de alto riesgo suprimió el inicio de la DA al año de edad, pero no se observaron diferencias significativas a los 3 años. También se ha informado de que la administración de probióticos reduce el riesgo de desarrollar DA. El panel de guías de la Organización Mundial de Alergia sugiere el uso de probióticos en embarazadas y lactantes con alto riesgo de alergias; sin embargo, la evidencia de su beneficio sigue siendo incierta.7

 

Prevención del inicio de la alergia alimentaria (AA)

 

Algunos niños que desarrollan dermatitis atópica (DA) durante la infancia suelen estar ya sensibilizados a antígenos alimentarios. También es frecuente que los lactantes alimentados solo con leche materna presenten sensibilización al huevo y a la leche antes del inicio de la alimentación complementaria. Hasta hace algunos años se esperaba que las madres pudieran prevenir la DA y la alergia alimentaria (AA) en los lactantes evitando la sensibilización a antígenos alimentarios durante los periodos fetal y de lactancia. Sin embargo, la eliminación de alimentos en madres embarazadas y lactantes no previno la sensibilización a antígenos alimentarios en la descendencia ni el desarrollo de DA. Por ello, no se recomienda que las madres eliminen alimentos durante el embarazo o la lactancia para evitar el desarrollo de AA, ya que la restricción alimentaria puede conducir a trastornos nutricionales perjudiciales tanto para la madre como para el bebé.7

 

Muchos niños con AA presentan DA en la infancia, lo que sugiere una disminución de la función de la barrera cutánea y la presencia de eccema como factores de riesgo para la sensibilización percutánea a antígenos alimentarios. El cuidado de la piel en la DA podría suprimir el desarrollo de la sensibilización a alérgenos y la AA. Infortunadamente, en un ensayo clínico aleatorizado realizado en Japón, no se observó una diferencia significativa en las tasas de sensibilización a clara de huevo/ovomucoide a las 32 semanas de edad como resultado de las intervenciones de cuidado cutáneo en la infancia.7

 

No obstante, a pesar de este progreso, persiste una necesidad urgente de identificar biomarcadores que permitan predecir el desarrollo de la marcha atópica, en especial en lactantes con dermatitis atópica de inicio temprano. Para moléculas candidatas, como la linfopoyetina estromal tímica (TSLP), aún faltan datos procedentes de grandes cohortes y de estudios longitudinales que evalúen sus concentraciones en pacientes con dermatitis atópica. Asimismo, se requiere mejorar la especificidad y la sensibilidad de las técnicas de detección.5

 

Referencias

 

1. Facultad de Medicina UNAM. La marcha atópica. Boletín de la ANMM. 2012;21(1):6-8.

2. Manzanares S, Tainta L, Bercedo A. Marcha atópica en una consulta de Atención Primaria. Rev Pediatr Aten Primaria. 2024;26:127-136.

3. Maiello N, Comberiati P, Giannetti A, Ricci G, Carello R, Galli E. New Directions in Understanding Atopic March Starting from Atopic Dermatitis. Children. 2022;450:1-12.

4. Salazar-Espinosa J. The Atopic March. A Literature Review. Int J Med Students. 2014;2(3):119-125.

5. Tang X, Li M. The role of the skin in the atopic march. International Immunology. 2024;36(11):567-577.

6. Hill D, Spergel J. The atopic march. Critical evidence and clinical relevance. Ann Allergy Asthma Immunol. 2018;120:131-137.

7. Tsuge M, Ikeda M, Matsumoto N, Yorifuji T, Tsukahara H. Current Insights into Atopic March. Children. 2021;8:1-17.

 

 

 

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